Llegamos a la tierra de los turbantes

Amritsar es la ciudad más grande de la región de Punjab, tierra de los Sikh, con sus turbantes y sus largas barbas, y que también es el centro de su religión. Allí está el Golden Temple, que todo Sikh tiene que visitar al menos una vez en la vida. Es un templo pequeño, bañado en oro y en medio de un lago artificial rodeado de edificios de marmol. Hay que pasar al recinto descalzo, lavarse los pies a la entrada y taparse la cabeza. Una vez dentro se respira mucha tranquilidad, sonando sin parar los cánticos religiosos que vienen desde el interior del templo. Los peregrinos vienen aquí a adorar al Guru Granth Sahib, que en realidad es un libro gigante con todas las enseñanzas acumuladas de la religión Sikh, algo similar a la biblia en la religión cristiana. Antes de morir el décimo Guru, proclamó que él mismo sería el último Guru viviente, y por tanto el undécimo y último Guru es el libro al que ahora adoran todos los Sikh. Cuando visitamos el Golden Temple, conocimos a unas chicas muy simpáticas que nos explicaron muchas cosas acerca del Templo, y también a un señor que nos sentó durante un rato a su lado y nos contó la historia de la religión Sikh, así nos enteramos mucho mejor que leyéndolo en la guia!

También dentro del recinto tienen un comedor gratis abierto las 24 horas para todos los peregrinos y visitantes. Lógicamente el menu es el mismo para todos y no es muy variado, pero todo está muy rico y se puede repetir de todo lo que se quiera. Ver como se gestiona el comedor es muy interesante, hay gente pelando verduras, otros fregando platos, otros repartiendo los platos a la entrada, otros cocinando, otros sirviendo la comida, otros limpiando… y todo esto sin parar en turnos de 10 minutos más o menos para comer. Fuera del recinto del templo, también hay alojamiento gratis para los peregrinos y visitantes, a cambio de un donativo, pero a los extranjeros los colocan en una habitación separada.

Desde Amritsar es muy fácil llegar a la única frontera de carretera con Pakistan (Wagah border), donde diariamente India y Pakistan hacen una ceremonia de bajada de banderas a ambos lados de las puertas que separan los dos países. En realidad más que una ceremonía es un show de media hora con los guardias de la frontera corriendo de un lado para otro y gritando de un modo infantil donde miles de indios y cientos de pakistanies, cada uno en su territorio, corean sin parar el nombre de sus países como si estuvieran en mitad de un partido de cricket. Nosotros no le encontramos mucho sentido a esta ceremonia, pero merece la pena ver como los indios y los pakistanies, hermanos y enemigos a la vez, viven esta rivalidad.

Al contrario de la opinión que teníamos creada acerca de los Punjabi, en general nos han parecido gente muy abierta, amable, civilizada y educada.

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