Una semana comiendo Peking Duck

Y por fín después de tres semanas viajando por China llegamos a la capital del gigante chino, Pekín. En comparación con Shanghai, Pekín todavía es una ciudad bastante tradicional y tranquila, sin apenas rascacielos, y donde mucha gente se mueve en bici y vive en humildes barrios de hutongs. Se nota que la ciudad se tuvo que modernizar en cierta medida para acoger las olimpiadas de 2008, y como resultado el Pekín de hoy es una ciudad muy agradable, acogedora y manejable.

Como no podía ser de otra manera el primer día en Pekín nos fuimos a conocer la famosa Ciudad Prohibida, que fue el palacio imperial desde la dinastía Ming (siglo XV) hasta el final de la distanía Qing a principios del siglo XX. Puyi, el último emperador, abdicó a favor de la República de China en 1912, pero se le consintió seguir viviendo en el palacio hasta que le expulsaron definitivamente en 1924. Se le conoce como Ciudad Prohibida ya que durante la era imperial estaba prohibido entrar en el palacio sin permiso directo del emperador, y colarse implicaba la pena de muerte. Lo que más impresiona del palacio son sus enormes dimensiones, en su mayoría patios al aire libre, el color amarillo imperial que tiñe los tejados de todos los edificios, y las grandiosas murallas y puertas por las que hay que pasar para adentrarse en la ciudad imperial. Justo antes de que cerraran el palacio a las visitas y cuando ya no quedaban muchos turistas dentro pudimos imaginarnos al jovencísimo último emperador jugando y correteando por los patios de su ciudad imperial…

Justo en frente de la entrada principal a la ciudad prohibida se encuentra la plaza de Tiananmen, símbolo indiscutible del comunismo chino. Está rodeada por edificios gubernamentales de estilo soviético, y es donde se encuentra el mausoleo de Mao, al que se le puede ver embalsamado igual que a Ho Chi Minh en Hanoi. Es increible las medidas de seguridad que hay que pasar para entrar a la plaza, solo les falta pedirte el pasaporte como en el aeropuerto, y está llena de camaras de seguridad y policias de paisano. La verdad es que no es el mejor sitio donde ir a pasar la tarde, y eso que es la plaza más grande del mundo! Seguro que muchos recordareis las imágenes del hombre del tanque en las revueltas de 1989 en Pekín a favor de la democracia.

Para poner punto y final a la temática imperial china fuimos al palacio de verano a las afueras de Pekín. En realidad más que un palacio es un extenso parque con un lago artificial y una colina que incluye varios templos, residencias, puentes, corredores techados… en resumen todo tipo de facilidades para el disfrute del emperador y su familia. Hoy en día es un lugar muy frecuentado por los pekineses durante los fines de semana, vamos como el parque del retiro en Madrid.

Poco o nada sabíamos de los barrios de hutongs antes de llegar a Pekín, pero de casualidad nuestro hotel estaba en medio de uno de ellos, así que teníamos muy fácil acceso a explorar estos barrios tradicionales. Históricamente los hutongs surgieron en Pekín como una forma de separar y organizar a la gente de diferentes clases sociales durante la dinastía Ming. Tristemente, desde la aparición del comunismo en China muchos son los hutongs que han sido derribados para dar paso a bloques de pisos, aunque todavía son muchos los que siguen en pie. Pasear por los hutongs más turísticos llenos de tiendas y restaurantes no tiene mucho encanto, pero perderse por los hutongs más auténticos es muy interesante, especialmente descubrir el espíritu de comunidad que todavía está presente entre la gente que vive en estos barrios.

Por supuesto no nos podíamos ir de China sin ver la Gran Muralla China, y entre todas las secciones de la muralla que se pueden visitar desde Pekín nos decantamos por hacer un trek cortito de 6km entre Jinshanling y Simatai. La Gran Muralla China la mandó construir el primer emperador chino con el fín de defenderse de los ataques de los mongoles, y siguió siendo construida y reconstruida a lo largo de todas las dinastías imperiales. Antiguamente la Gran Muralla consistía de diferentes secciones que unían todas las ciudades amuralladas del norte de China, y en total tenía una longitud de alrededor de 21000 km. Hoy en día solo queda en pie un 30% de la Gran Muralla. A nosotros nos gustó mucho el recorrido que hicimos por la muralla, empezando por una zona restaurada y acabando en una sección en ruinas. La verdad es que solo 6km nos supieron a poco, pero las maravillosas vistas del paisaje y de la gran muralla perdiéndose a lo lejos sobre las montañas en un día soleado no tienen precio.

El resto de nuestro tiempo en Pekín lo dedicamos a visitar la ciudad olímpica, donde nos quedamos boquiabiertos al ver el Bird’s Nest; a hacer un curso de cocina, donde nos enseñaron un poquito de los estilos culinarios de las distintas regiones de China; a intentar ir de compras al mercado de la seda, y digo intentar porque salimos derrotados por la rudeza de los chinos; a probar y comprar te chino, que aunque parezca algo fácil no lo es ya que hay miles de tipos de te y saber de ello es todo un arte; y por supuesto a comer muchos patos a la pekinesa!

Desde que probé por primera vez el pato a la pekinesa en 2008 en Londres he estado enamorado de este plato chino típico de Pekín. Y claro justo antes de llegar a Pekín estaba como un niño pequeño esperando a que vinieran los reyes magos! En cosa de una semana que hemos estado en Pekín hemos probado varios patos a la pekinesa, desde restaurantes en ghost street (la calle de restaurantes que está abierta casi 24×7), pasando por restaurantes de barrio donde los chinos van a cenar en pijama o se quitan la camiseta antes de comer, hasta un restaurante especializado en pato a la pekinesa donde asan el pato en un horno de leña y lo hacen “light”… light o no para mi ese fue el mejor pato del mundo! Que decir que hasta nos llevamos las sobras y nos las terminamos viendo la final de la UEFA a las 3 de la mañana.

Visita nuestra galería de flickr para ver más fotos!

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Alojamiento

Dong Si Piao Home Inn – En Pekín nos quedamos en este hotel en el barrio de Dong Si. La habitación era amplia y con todas las comodidades, pero no teníamos ventana. Hacían la habitación todos los días y teníamos internet con cable. Las chicas de recepción casi no hablaban inglés, pero con la ayuda de google translate o algún huesped que hacía de traductor no era mayor problema. Lo mejor la localización a un paso de restaurantes, tiendas y la parada de metro. Pagamos 24€ por noche en agoda.com (más barato que directamente en el hotel).

Transporte

De Xian a Beijing en tren (9h 30min) – Como era el puente del 1 mayo en China ya no quedaban plazas en los trenes nocturnos directos incluso 10 días antes de viajar. Así que tuvimos que pasar al plan B y viajar desde Xian a Pekin de día pasando por Zhengzhou en dos trenes de alta velocidad. Los dos trenes eran muy cómodos, con asientos reclinables y la verdad es que se nos pasó el viaje volando. En total pagamos 442 RMB por persona y por los dos trayectos.

De Beijing a la Gran Muralla China (2h) – Contratamos un tour para hacer el hike de 6km entre Jinshanling y Simatai con Beijing Downtown Backpackers. Nos llevaron en bus desde su hostel hasta Jinshanling y al acabar nos recogieron en Simatai de vuelta a su hostel. Ese día fuimos a la gran muralla unas 30 personas, pero cada uno andaba a su ritmo y nunca tuvimos la sensación de ir todos en grupo siguiendo al guía. Estaba muy bien organizado y nos dieron una botella de agua. Pagamos 280 RMB por persona, que incluía el transporte y la entrada a la gran muralla.

Restaurante

Da Dong – Uno de los mejores restaurantes de pato a la pekinesa de Pekín. Hay varios restaurantes Da Dong en Pekín, nosotros fuimos al de Dongsishitiao. Como curiosidad decir que allí comió Juan Antonio Samaranch durante las olimpiadas de 2008 y les firmó lo siguiente: “You deserve a gold medal”. Pagamos por un pato entero y dos cervezas 308 RMB. Totalmente recomendable!

Curso de cocina

Hutong Cuisine Cooking School – Emplazado en un bonito hutong, hicimos un curso de cocina de una tarde con Chunyi Zhou y su hermano Chao, procedentes de Canton (en el sur de China). El curso duró unas cuatro horas, aprendimos a cocinar varios platos sichuanes y cantones, y por supuestos nos los comimos! Una tarde muy agradable aunque no salimos tan llenos como esperábamos. Pagamos 260 RMB por persona, quizás un poco caro para lo que es en comparación con otros cursos de cocina como en Lao o en Tailandia.

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