Konichiwa Tokyo!

Cuando inicialmente planeamos nuestra vuelta al mundo Japón era uno de nuestros candidatos, sin embargo se cayó de la lista por varios motivos… un mes en Japón nos iba a quitar tiempo de recorrer más tarde sudamérica, y además es un país muy caro que nos iba a robar bastante presupuesto. Pero el destino nos tenía preparada una sorpresa. A mi colega David le mandaron de proyecto a Tokyo por tres meses justo cuando nosotros estábamos terminando de viajar por China, así que no pudimos rechazar su invitación y cambiamos la ruta de nuestro vuelo round the world para pasar por Tokyo 10 días. Arigato gosai maaaaas David!

Llegamos a Tokyo de noche y tarde, y las primeras impresiones fueron las que ya nos esperábamos. Muy limpio, extremadamente organizado, y mucha gente de traje saliendo de trabajar a las mil de la noche. Pero no fue hasta el día siguiente que empezamos a descubir Tokyo. Fuimos a Ginza, un barrio central lleno de oficinas y tiendas de las mejores marcas, con máquinas futurísticas de refrescos y cafés en lata (un gran invento por cierto) en cada esquina, y donde nos dimos cuenta que en Tokyo los establecimientos no solo están a nivel de calle, sino que también hay que buscarlos mirando con el cuello para arriba. Una cosa que no nos esperábamos encontrar en Tokyo eran kimonos, pensábamos que sería una vestimenta tan antigua que ya nadie los llevaba. Pero cual fue nuestra sorpresa al ver a tres señoras de compras en Ginza vistiendo kimonos! Qué emoción! Resulta que todavía algunas señoras mayores llevan kimonos a diario (las que se lo pueden permitir porque los kimonos son carísimos), pero lo normal es que se usen solo en ocasiones especiales.

Y para acabar el primer día en Tokyo que mejor que una cena de rico sushi en buena compañía. Siendo Marta una fanática del sushi no nos podíamos permitir ni un solo día en Tokyo sin comer sushi, y así empezaron nuestros 10 días de sushi! Después de la cena David había quedado con sus colegas para tomar algo en la planta 24 de su bloque de apartamentos, o lo que es lo mismo en un salón enorme con vistas inmejorables al skyline de Tokyo con sus parpadeantes luces rojas… impresionante! Allí conocimos a toda la banda de expatriados con los que David trabajaba. Es curioso como después de 7 meses viviendo en otro mundo distinto al que antes estábamos acostumbrados se nos hizo raro estar de fiesta tomando unas cervezas con todos ellos.

El día siguiente lo dedicamos a hacer un poco de turismo más cultural, y nos fuimos al templo de Meiji Jingu, en el corazón de Tokyo. Este es un templo shinto dedicado al emperador Meiji y a la emperatriz Shoken. Acostumbrados a los templos hindus, las mezquitas musulmanas, las iglesias cristianas, los templos budistas, descubir este templo shinto nos sorprendió con algo nuevo. Para llegar al templo hay que pasar bajo varias puertas gigantes de madera llamadas torii, antes de entrar al templo hay que lavarse las manos y la boca con agua y mediante la ayuda de un pequeño cazo, y a la hora de rezar hay que colocarse en frente del santuario, echar alguna moneda como donativo, dar dos palmadas, hacer dos reverencias, ahora ya se puede pedir un deseo, y finalmente una última palmada. Como todo en Japón, muy protocolario.

Este templo es muy popular entre los japoneses para casarse, así que es muy fácil encontrarse con alguna boda en fin de semana. Nosotros fuimos testigos de dos. Las bodas en Japón son ceremonias muy íntimas tan solo para la familia y algunos amigos así que nosotros solo pudimos ver la procesión de entrada y salida del templo. La procesión era encabezada por el sacerdote y “monaguillos”, seguidos de los novios y por último los familiares y amigos. Lo más llamativo eran los atuendos del sacerdote y de los novios, y el elaborado peinado de la novia.

A unos pocos pasos desde Meiji Jingu está la famosa calle de Takeshita. Es lo más parecido al mercado de Camden Town en Londres, donde se puede encontrar la ropa más extravagante de Tokyo, y por tanto es donde se juntan los japoneses más fashionistas. A Marta le encantó tanto la moda de los calcetines de puntillas y las medias hasta la rodilla que volvimos otro día a comprar varios pares para vestir a la moda japo cuando volvamos a casa. Lo más raro que nos encontramos por allí fueron chicas vistiendo como mueñequitas de porcelana. Pero no son solo los chicos y chicas de Tokyo los que van a la moda, también son los perros! Los cuidan y los visten como si fueran bebes, y los llevan de paseo por la calle en carritos de bebe para que no se cansen… es surrealista como los miman más que a sus propios hijos.

El domingo aprovechamos a ir con David a Kamakura, un pueblo muy cuco y tranquilo al sur de Tokyo y que es conocido por todos los templos y jardines que tiene. Siguiendo las recomendaciones de un japonés muy amable que conocimos en el tren visitamos un templo shinto y otro par de templos budistas, uno de ellos con un buddha gigante al aire libre. También tuvimos tiempo de perdernos por unas calles con tienditas en las que todos los puestos de comida daban a probar sus productos… y así acabamos comiendo trozos de pescado en la pequeña barbacoa de una pescadería con unas simpáticas abuelitas japonesas.

Visita nuestra galería de flickr para ver más fotos!

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