De safari por el gran zoo australiano

Nada más aterrizar en Adelaide y poner los pies en el estado de South Australia nos dimos cuenta que nos esperaba mucho más frio y lluvia que en Western Australia, esto si que iba a ser el verdadero invierno Australiano. Descubrimos que Adelaide no tiene nada de especial, aparte de los chocolates Haigh’s que están para chuparse los dedos, y cumple perfectamente con los estándares de otras ciudades australianas: un CBD (el centro donde están todos los comercios y oficinas), un río, muchos espacios verdes, edificios coloniales británicos, zonas residenciales al más puro estilo americano, y como no una playa al alcance de la mano. Por cierto gracias a mi hermano nos enteramos que en noviembre va a tener lugar el campeonato del mundo de salvamento y socorrismo allí, y esta vez con representación del Club Natación Guadalajara, el club de mi ciudad y del que mi hermano es entrenador y nadador. A por ellos chicos!!

Nuestra idea siempre había sido alquilar un coche para recorrer en unos pocos días la carretera entre Adelaide y Melbourne, pasando por supuesto por la famosa Great Ocean Road. Sin embargo tanto nos gustó la vida de campervanpista en WA que no nos lo pensamos dos veces y alquilamos de nuevo una campervan. Esta vez no fue Chubby, sino Ethal la que nos llevó y nos cuidó por las carreteras de SA y Victoria durante 9 días.

Aprovechando la cercanía de Adelaide con Barossa Valley, La Rioja australiana, nuestra primera parada en ruta fue Tanunda, donde nos quedamos un día entero para catar los ricos Shiraz que tanta fama tienen a nivel mundial. Es curioso como el origen de estos viñedos proviene de inmigrantes alemanes que huyeron de la persecución religiosa en su país a mediados del siglo XIX. Marta, que es una amante de los vinos tintos, estaba super ilusionada porque era la primera vez que iba de bodegas. Yo por el contrario ya había estado en La Rioja y en Stellenberg (South Africa), así que ya le llevaba ventaja. Hay quien alquila una bici para recorrer el mayor número de bodegas en un día (una buena alternativa a conducir) pero nosotros decidimos ir andando. De las más de 50 bodegas que hay en ese valle solo tuvimos tiempo de probar tres, Richmond Grove, Peter Lehmann y Langmeil, y fueron más que suficientes. Richmond Grove fue la que más nos gustó. Tuvimos la fortuna de llegar cuando no había nadie y la amable Emma nos enseñó a catar sus vinos y nos explicó con paciencia todo lo que no sabíamos. Tanto nos gustó que volvimos por la tarde para hacer el tour de la bodega, donde nos contó su historia y todo lo relativo a la producción del vino. Y no solo nos encantó Richmond Grove por lo bien que se portó Emma con nosotros, sino también por su Shiraz que nos enamoró. Por supuesto nos llevamos una botella para combatir las frías noches en la campervan. En Peter Lehmann descubrimos el Shiraz cuvee, un vino tinto de uva Shiraz que sigue el mismo proceso de elaboración que el champan y que a Marta le volvió loca. Este mismo tipo de vino lo encontramos también en Langmeil, una pequeña bodega familiar muy acogedora, y aunque un poco caro no pude dejar pasar la oportunidad de regalarle una botella a Marta. Esto si que es un regalo boomerang jeje.

Después del buen sabor de boca de Barossa Valley, dejamos atrás los viñedos y llegamos a la península de Fleurieu. Conduciendo por sus montañosos y verdes valles habitados por cientos de ovejas no nos creíamos que esto fuera Australia, sino Irlanda. Casi sin querer y sin haberlo planeado pasamos una noche en Rapid Bay, un bonito camping junto al mar y entre montañas, viendo como el sol se escondía por detrás de un largo jetty… simplemente un atardecer perfecto! También fuimos al parque natural de Deep Creek, donde nos habían dicho que era muy fácil encontrarse con canguros, y claro como uno viene a Australia a ver saltar a estos animales pues allá que nos fuimos. Planeamos una mañana de senderismo con el proposito de saludar a los canguros, y afortunadamente no vimos a uno ni dos, sino decenas de ellos. Es muy gracioso ver como te miran en plan “are you talking to me?” cuando detectan tu presencia, y luego como salen dando saltos en cuanto te acercas a ellos.

De la península de Fleurieu seguimos nuestra ruta por el parque natural de Coorong, donde paramos a hacer un trek en la playa de las 42 millas, playa que parecía no tener principio ni final, y de paso vimos más canguros y emus. Cruzamos la frontera entre estados para llegar a Victoria sin encontrarnos ningún control de alimentos ni nada, algo habitual en los aeropuertos, y llegamos al rocoso parque natural de Grampians, que de lo negro que estaba ese día parecía Mordor. Afortunadamente salió el sol el día siguiente y pudimos hacer un trek muy chulo de medio día entre cañones con unas vistas espectaculares desde la cima, bajamos incontables escaleras para ver desde la base una cascada impresionante (donde adoptamos a un elefante de peluche olvidado que bautizamos como las cascadas, MacKenzie Falls), y casi fuimos atacados por un canguro gigante cuando estábamos intentando enseñar por skype a la hermana de Marta como saltaban los canguros. Como el bicho nos sacaba dos cabezas, tuvimos que salir corriendo y refugiarnos en la furgo, eso si que fue adrenalina en estado puro y no el puenting!

Siempre nos habíamos imaginado la Great Ocean Road como una carretera que serpenteaba por cientos de kilómetros el borde de un acantilado sin fín. Pero nada más lejos de la realidad. No es más que una escénica carretera que bordea la costa y solo en algunos tramos es espectacular. Viniendo desde el oeste empezamos parando en todos los miradores desde donde se podían apreciar numerosas formaciones de piedra caliza y arenisca que el mar había ido esculpiendo a lo largo de muchos años: The Grotto, London Bridge (solo queda en pie un arco ya que el otro se vino abajo en 1990 dejando a dos turistas atrapados en la nueva isla y siendo rescatados en helicóptero), Loch Ard Gorge, Razorback y los famosos 12 apóstoles. Estos últimos los vimos cuando ya estaba anocheciendo, con las últimas luces del día, y no nos resultaron tan espectaculares como nos los esperábamos. Así que como esa noche acampamos cerca de allí decidimos darles otra oportunidad y visitarlos de nuevo con las primeras luces del día. De nuevo nos volvieron a defraudar un poco. Es lo que habitualmente pasa cuando tienes muchas expectativas, a nosotros nos gustaron más las formaciones anteriores.

Continuando hacia el este en dirección a Melbourne paramos en los escalones de Gibson, que bajan hasta una playa justo a los pies del imponente acantilado; y nos salimos de la carretera para llegar a Wreck Beach, donde también hay que bajar unos cuantos escalones, 365 según contó Marta, para llegar a una playa donde se pueden ver las anclas de dos barcos naufragados a finales del siglo XIX. Poco nos quedaba ya por recorrer en la costa sur antes de llegar a Melbourne, pero todavía nos quedaba una tarea pendiente: ver koalas. Nos habían dicho que en la carretera del cabo Otway sería casi imposible no encontrarlos, y que razón tenían. Justo en una curva nos dimos de bruces con una centena de koalas que dormían, comían, trepaban e incluso se peleaban en los árboles de alrededor. Marta no paraba de planear como poder secuestrar a uno, su cara rebosaba felicidad. Uno de ellos nos lo encontramos andando por el suelo antes de subirse a la rama de un árbol. Unos chicos franceses hasta se atrevieron a tocarlo y fotografiarlo de cerca, pero aunque pareciera muy tierno nosotros le teníamos demasiado respeto por sus garras. Es una auténtica gozada poder ver canguros y koalas en su habitat natural, solo por ello ha merecido la pena venir a Australia.

La última noche cometimos el error de acampar en un camping gratuito dentro de un parque natural, y no porque hubiera animales salvajes, sino porque aparcamos en tierra. Cuando llegamos por la tarde el terreno no estaba tan mal, pero a la mañana siguiente, después de pasarse toda la noche lloviendo, estábamos rodeados de barro y encima habíamos aparcado ligeramente en cuesta. Por mucho que intentamos empujar, meter maderas debajo de las ruedas… no hubo manera de sacar a Ethal de allí. Al final nos tocó llamar a los de asistencia en carretera para que nos rescataran porque por allí no pasaba ni un alma para echarnos una mano. Así conocimos a Paul, un simpático australiano de familia italiana que nos sacó del lio en el que nos habíamos metido y encima nos hizo “descuento de turistas” y nos cobró 50 dólares menos, todo un detalle.

Al igual que nos pasó con Chubby en Perh, nos dió pena despedirnos de Ethal en Melbourne, y es que la vida de campervanpista engacha mucho. Tendremos que esperar a Queensland para volver a vivir en la carretera.

Visita nuestras galerías de flickr de South Australia y Victoria para ver más fotos!

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Alojamiento

Adelaide, The Guesthouse – Nos quedamos en este pequeño hostel que está gestionado por el hostel BackpackOz, de hecho la recepción está en este último y el bar también, así que The Guesthouse es bastante tranquilo. Nos dieron una habitación doble bastante grande, con tele, calefacción (que nos vino de lujo por el frio que hacía) y un lavabo en una esquina. Los baños compartidos siempre estaban limpios y la cocina suficientemente grande y equipada. El desayuno era gratis con café, tostadas y mermeladas varias. También había lavadora y secadora en el ático que aprovechamos para llevarnos la ropa limpia. Nos quedamos 3 noches y estuvimos la mar de agusto. Pagamos 70 AUD por noche.

Fleurieu Peninsula, Rapid Bay Camping – Es un camping muy básico, con servicios, duchas de agua fría, grifos de agua y sin tomas de luz. Lo mejor es donde está, en una explanada al lado de la playa, entre montañas y con unas vistas del aterdecer únicas. Pagamos 6 AUD por persona por una noche.

Alquiler de campervan

Viva Campers – Para la ruta en la costa sur entre Adelaide y Melbourne no pudimos alquilar la furgo con Travellers Autobarns porque no estaban en Adelaide. Buscando otras opciones la que más nos convenció fue Viva Campers. La furgo era una Toyota Hiace un poquito más grande que la Mitsubishi Express que tuvimos en WA, pero con las mismas comodidades. La única pega es que no tenían seguro a todo riesgo y la franquicia más baja era de 1000 AUD. En total incluyendo el extra de dejar la furgo en Melbourne y el seguro pagamos 76 AUD por día.

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