300 días de sol

Después de soportar el frio y lluvioso invierno australiano durante más de dos semanas por la costa sur, estábamos ya deseando llegar al calorcito de Queensland, que presume de tener más de 300 días de sol al año, y razón no le falta. Nuestro plan era volver a alquilar una campervan en Brisbane y conducir a lo largo de toda la costa hasta llegar a Cairns. Así fue como nos reencontramos con Chubby por 13 días!

Siempre nos habíamos imaginado Brisbane como una ciudad playera, pero como decían Los Refrescos “vaya vaya, aquí no hay playa!”. Pero la fama la tiene por algo, y es que la Golden coast y la Sunshine coast, que como su nombre indica son clones de la costa dorada y la costa del sol en España, están a un paso de Brisbane. Y para los que no pueden esperar al fin de semana para ir a la playa, Brisbane se ha inventado una pequeña playa artificial del tamaño de una piscina a la que llaman lagoon y que irónicamente está patrullada por guardacostas australianos.

Una de las cosas que todavía teníamos pendiente de hacer en Australia era surf, y no me refiero a ver a pros coger olas gigantes, que ya habíamos visto a muchos. Con esto en mente paramos un par de mañanas en Maroochydore y Noosa, en la Sunshine coast, donde alquilamos tablas y por supuesto neoprenos y nos tiramos al mar a coger olas. El primer día resultó bastante bueno como toma de contacto, pero el segundo día salimos un poco frustrados porque las olas eran más grandes de lo que sabíamos manejar. Pero bueno todavía esperábamos tener un tercer día de surf en alguna otra playa más al norte para quitarnos el mal sabor de boca.

Viviendo como los hippies en la furgo nos acostumbramos a tomar cafes matutinos en la playa. Uno de estos días paramos en Hervey Bay, también conocido como God’s waiting room (la sala de espera de Dios) por el gran número de jubilados que viven aquí y la cantidad de residencias de ancianos que hay. En cuestión de media hora que estuvimos allí tomando nuestra dosis diaria de cafeina no exagero si digo que vimos a más de 20 ancianos motorizados en sillas de ruedas por las calles de este pueblo. Lo cierto es que no es mal sitio donde pasar los últimos días.

Y como no otra vez más sufrimos un desafortunado percance con la furgo. Si en WA fue la multa por hacer freedom camping, y en Victoria fue por quedarnos atascados en el barro, esta vez fue la batería a la que le dió por morirse en Agnes Water. Si el señor de asistencia en carretera que nos vino a ayudar hubiera sido más avispado, nos hubiera cambiado la batería desde el primer momento. Sin embargo como ese día se había levantado con el pie izquierdo, y era ya de por sí un poco tonto, no nos creyó y se pensó que habíamos gastado la batería dejando las luces encendidas o algo así. El caso es que tuvimos que dejarle la furgoneta todo el día en el taller para que intentara cargar la batería de nuevo porque no quería ponernos una nueva. Como no queríamos pasarnos el día entero discutiendo con Peter en su taller, decidimos irnos a la playa y volver por la tarde a por Chubby. A la vuelta cual fue nuestras sorpresa cuando nos dice que nos había tenido que cambiar la batería porque estaba muerta… Os podeis imaginar el cabreo que teníamos, pero al menos la compañía de alquiler de la campervan nos regaló un día extra como compensación. En fín, la moraleja de esta historia es que nunca vayais al taller de Peter en Agnes Water.

Otra de las cosas que tampoco habíamos hecho todavía en Australia era un barbacoa, y eso que hay barbacoas públicas en todos los sitios. Pero esta vez en el camping de Worksman beach, en Agnes Water, no dejamos pasar la oportunidad. Compramos unos chuletones porterhouse en oferta y nos pusimos las botas. Pero como es posible que después de un mes en Australia esta fuera nuestra primera barbacoa, desde luego no sería la última!

El último día en Agnes Water habíamos planeado nuestro tercer día de surf, ya que era el punto más al norte en la costa este donde se podían coger olas. Sin embargo nada más llegar a la playa nos dimos cuenta que no iba a ser posible, no había ni una ola. Luego nos enteramos que agosto es el peor mes del año para hacer surf en Agnes Water, una pena. Como tenía ganas de hacer algo de deporte esa mañana, le sugerí a Marta si corríamos por la playa, y aunque ella no tenía muchas ganas no supo decir que no. Así acabamos corriendo por más de media hora por una playa de arena fina y el cielo azul… ya casí había olvidado lo bonito que es hacer deporte.

El sitio elegido para abrir la botella de Shiraz cuvee que le regalé a Marta en Barossa Valley fue Carmila Beach, otra playa desértica y sin fín donde acampar es gratis. Nos pasamos toda la tarde mirando al mar y hablando de lo bonita que es la vida, y luego cenamos al aire libre bajo un cielo repleto de estrellas como nunca habíamos visto igual. Y así sin darnos ni cuenta nos acabamos otra botella de vino más.

El día siguiente todo el buen rollo y el positivismo de Carmila Beach se vino abajo cuando de camino a Airlie beach nos encontramos con un accidente donde 4 personas perdieron la vida. Allí estuvimos parados casi 4 horas porque no había ninguna otra ruta alternativa hacia el norte que no fuera por caminos de tierra, así es la red de carreteras en Australia. Aunque los australianos son muy buena gente, cuando se ponen al volante son unos auténticos kamikazes. Todo el mundo conduce demasiado rápido, por encima del límite marcado, y hacen adelantamientos imposibles… y claro luego el resultado es un total de 9 muertos ese mismo día solo en Queensland. Todavía se me ponen los pelos de punta solo de acordarme de aquello.

En Airlie beach no perdimos mucho tiempo porque no nos gustó demasiado. Es un pueblo muy turístico y comercial con un montón de gente de vacaciones emborrachándose en las terrazas de los bares. Lo mejor de nuestra visita fue encontrarnos con un mercadillo local donde nos perdimos entre puestos de comida orgánica y antigüedades varias, y un trek que hicimos para subir a lo alto de una montaña desde donde divisar las famosas Whitsunday islands. Un poco más al norte se encuentra Bowen, un pueblo mucho más tranquilo que tiene unas playas increibles y que nos gustó mucho más que Airlie beach.

A estas alturas ya habíamos pasado el trópico de Capricornio, y las plantaciones de cañas de azucar hicieron su aparición. Una noche acampados en un área de descanso en Home Hill nos sorprendió el fuego que se veía no muy lejos en una de las plantacaciones. No fue hasta que nuestro vecino de caravana nos contó que ahora era la época de recogida y que en esta zona era típico quemar las cañas antes de recogerlas que nos quedamos tranquilos. Más adelante no paramos de ver campos quemados a lo largo de la carretera y fábricas que constantemente emanaban humo blanco de sus chimeneas debido al procesamiento de las cañas de azucar. Desde luego no es el paisaje más bonito.

Por un día dejamos la costa y nos fuimos a la montaña, a ver la cascada más grande de Australia, Wallaman Falls, de 268m de altura. Después de haber estado en Venezuela y haber visto el salto del angel, que tiene 1km de caida, no esperaba que esta cascada fuera a sorprenderme. Pero sin embargo lo hizo. Fue una lástima que no pudiéramos bajar a la base de la cascada, pero es que el ciclón Yasi en febrero 2011 destrozó por completo el camino y todavía estaba en obras. Esa noche acampamos en la montaña, sin contaminación lumínica, para ver estrellas fugaces en la noche de perseidas, y en nuestra noche 300 de viaje. Marta ya había visto antes estrellas fugaces, pero yo nunca había visto ninguna, y reconozco que me emocioné al ver mi primera estrella fugaz. Qué bonito! Ojalá mi deseo se haga algún día realidad.

Retomamos de nuevo la costa en Mission beach, una playa tropical de arena blanca y fina protegida por palmeras. Nos recordaba mucho a Palolem en India pero sin los chiringuitos de la playa, los indios… y las vacas. Allí nos pasamos toda la tarde jugando al cau, una pelota-pluma que compramos en Vietnam y que estaba de moda en Ho Chi Minh City, y bañándonos sin medusas alrededor, que invaden las playas de Queensland en verano y obligan a la gente a bañarse con un traje de licra. Esto explica todas las botellas de vinagre que nos hemos encontrado en las playas por las que hemos pasado. Al atardecer nos fuimos al camping de Bingil Bay a cenar otra rica barbacoa, esta vez de Scotch fillet. Esto de los distintos cortes de la vaca es todo un mundo. Todavía teníamos pendiente levantarnos un día pronto para ver amanecer, y esta era nuestra última oportunidad antes de devolver a Chubby. Pero esa mañana en Bingil Bay amaneció cubierto de nubes y solo pudimos ver los tímidos rayos del sol intentando llegar al mar, esta vez el destino no nos echó un cable.

Cuando planeamos nuestra ruta por Australia éramos conscientes que no íbamos a ir al Outback, alquilar un 4×4 para perdernos por el desierto australiano estaba fuera de nuestro presupuesto en este viaje. Pero según pasaban los días en tierras Ozzies cada vez teníamos más y más ganas de perdernos lo más que pudiéramos hacia el interior, hacia el desierto, hacia el Outback. Así fue como llegamos a Chillagoe, haciendo caso omiso del seguro de la furgo al conducir 30km por caminos de tierra, la única manera de llegar. Chillagoe es un pueblo pequeño de 310 habitantes, aunque en realidad parece que allí no viven más de 50 personas, con dos pubs, el de los blancos y el de los aborígenes, un roadhouse que hace sus funciones de gasolinera, y un rodeo que también sirve de camping. Aparte de ver unas cuevas muy chulas que el ranger de turno nos enseñó en un tour con otros 20 turistas australianos de más de 70 años (yo cuando sea mayor también quiero tener esas ganas por seguir viajando), y ver una espectacular colección de coches Ford que un señor muy mayor reconstruye y colecciona, no hay mucho más que hacer en el pueblo. Bueno sí, ir al pub. Y eso es lo que hicimos, ir a tomar unas birras y a cenar. Y por poco ganamos un sorteo en el que hubiéramos acabado con nuestra foto colgada del tablón del pub y dos birras gratis durante una semana. Al menos dejamos nuestra firma en la pared. En ese caso no nos hubiera quedado otra más que quedarnos en el pueblo a vivir por siete días!

Y una vez más tocaba decir adiós con pena a Chubby y a la vida de campervanpista. Es increible el cariño que le coges a una furgo en 14 días. Pero bueno, estábamos en Cairns y lo siguiente era bucear en la Gran Barrera de Coral!

Visita nuestra galería de flickr para ver más fotos!
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Alquiler de campervan

Travellers Autobarn – Esta vez si que pudimos alquilar una Chubby como en WA ya que Travellers Autobarn estaba tanto en Brisbane como en Cairns. Pagamos 76 AUD por día incluyendo el seguro y el extra de 200 AUD por devolver la furgo en un punto distinto al de recogida.

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