The white sea of Uyuni

Once again I have to start a post describing a bus ride, the one between Tupiza and Uyuni, and this time it’s not because of the beautiful scenery… The fun started as soon as we got on the bus. We thought the bus would be half empty because not many people take this route, but no. A group of 30 miners had to travel to Atocha, a dusty city in the middle of the way, so the bus was completely full. Until here all seems fine, right? What’s so strange about travelling on a bus full of miners? Well, if I tell you they all got on the bus being drunk and that “luckily” they had enough drink to keep them busy for a few hours… fun, uh?! But what it seemed at first a nightmare it was actually an opportunity to chat with the easy going miners and learn about their way of living. I will skip describing the state of the gravel road, I will just say that we named it Death Road 2 and that Isma kept praying all he knew. Specially when we stopped at a sharp bend beside a 30 or more meters fall, because a bus was coming on the other direction and the road was so narrow that both buses couldn’t fit. I’m glad I wasn’t sitting on the window seat. And if this wasn’t enough, El Ponderoso (name we gave the bus on honour of Che Guevara and Alberto Granado’s bike) was kind of old. The driver had to keep refiling the leaking water so the engine wouldn’t caught fire and he ended up putting on the mechanic overall to fix we don’t know what… After 8 hours, we couldn’t believe it when we saw Uyuni on the horizon!

Uyuni is on the route of most travellers visiting Bolivia. Not to visit the town itself, which doesn’t really have any tourism attractive, but to visit one of the world’s most unusual places, Uyuni’s Salt flats. On our first day in the rural Uyuni we didn’t really do much: recover from the scary bus ride, search for a tour, try to find a working ATM, a bit of offline blogging (finding a wi-fi was mission impossible) and taste llama steak which was surprisingly tasty.

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Cabalgando por Tupiza

Y por fín llegamos a Bolivia! Desde que aterrizamos en Santiago de Chile teníamos muchas ganas de llegar a Bolivia y descubrir este país tan auténtico. El paso fronterizo entre La Quiaca en Argentina y Villazón en Bolivia fue mucho más facil de lo que esperábamos. Esta vez no hubo nada de controles de equipajes ni de restricciones de comida, simplemente un par de sellos en el pasaporte y listo. Nada más cruzar el puente que separa Argentina de Bolivia nuestros sentidos empezaron a despertar de nuevo con todas las prendas de colores, los sombreros de bombín, las faldas bombachas, las trenzas largas, las caras indígenas… a diferencia de Chile y Argentina aquí si que no podríamos pasar por uno de ellos.

Si ya notamos diferencia en cuanto al transporte entre Chile y Argentina, en Bolivia dimos todavía un paso más atrás. La organización en la terminal de buses de Villazón era un auténtico caos, con señoras gritando nombres de pueblos como si estuvieran en un mercadillo vendiendo tomates, y del estado de los autobuses mejor ni hablar. Menos mal que al menos la carretera entre Villazón y Tupiza estaba recién asfaltada, todo un lujo en Bolivia.

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In Argentina for 6 days

We left San Pedro on a 10 hour bus ride to Salta in Argentina. We were promised stunning scenery and high altitude, and we got both: volcanoes, desert landscape, scary drops, colourful gullies, huge cactus, cute llamas, Andean altiplano and pure white salt flats on a road going over the 4500 metres over sea level to descend again to 1200 metres. Half aspirin and lots of water was our way of combating the possible effects of the high altitude. Aside a small headache, a bit of silliness and constantly going to the toilet all went well and we arrived to Salta in one piece.

Our visit to Argentina was totally unplanned. Since we had very little time left (only 2 months to visit Peru and Bolivia) and we don’t like rushing from one place to another, we had discarded visiting the country of the tango. But everybody in Chile recommended us visiting Salta, which is just across the Andes from San Pedro, and its surroundings. So we thought now that we are so close why not rearrange our route and spend a few days in Argentina? That’s the beauty of travelling without plans!

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De paso por Chile, po!

Nuestro paso por Chile ha sido corto y breve pero intenso. Como no teníamos mucho tiempo para viajar por Sudamérica decidimos centrarnos solo en Bolivia y Peru, quizás los dos países más auténticos del continente sudamericano. Aterrizamos en Santiago, nos escapamos unos días a Isla de Pascua, y paramos en San Pedro de Atacama de camino a la frontera Boliviana. En Santiago tuvimos la tentación de viajar hacia el sur de Chile, donde los paisajes dicen ser todavía más espectaculares que en Nueva Zelanda, pero como no queríamos perder mucho tiempo lo dejamos pasar para otra ocasión.

Chile es un país alargado con más de 5000 km de costa, y está geográficamente aislado por el desierto de Atacama en el norte, la cordillera de los Andes en el este, el océano Pacífico en el oeste y la Patagonia en el sur. Esto históricamente ha hecho que Chile estuviera aislado de sus vecinos durante muchos años, hasta que los Incas consiguieron dominar una buena parte del norte. Luego llegaron los españoles, que dominaron durante casi 300 años hasta la independencia de Chile en 1818. Hoy en día Chile es un país democrático con una estabilidad política conseguida después de los trágicos sucesos de la dictadura de Pinochet en los años 70 y 80, y con una economía que no para de crecer, aunque en las zonas rurales del norte todavía mucha gente sobrevive gracias a la minería. También presume de tener unos carabineros (policias) honestos y no corruptos, a diferencia de sus países vecinos. Seguramente es el país más desarrollado de toda Sudamérica y es muchas veces comparado con Europa, pero a nosotros nos ha parecido que todavía está un escalón por detrás.

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Happy one year tasting the world!

Today it is 17th of October 2012. Supposedly we should be on a plane back to Madrid at this very same moment… but instead we are somewhere between Argentina and Bolivia on our way to Tupiza. For those of you who don’t know it yet, we have extended our trip until Christmas so we can have some time to taste South America.

I can’t believe it’s been a year since the day we started this trip. We didn’t really know what we would find on the way, or if we would enjoy being on the move for so long. Time has gone so fast… too fast I would say! It has been a year full of adventures, we have visited incredible and unique places and we have met so many wonderful people along the way. In this 12 months we have learnt so much from life, from other cultures and also from ourselves that we will never regret the decision we made one year ago.

It’s been very difficult to put an end date to the trip of our lives. One part of us wants to keep travelling forever but the other part is looking forward to reuniting with our family and friends. With tears in our eyes we bought the tickets back home and we will be flying to Madrid on the 21st of December. Until then we will make the most of our time in Bolivia and Peru. See you at Christmas!

Happy one year of travels bixo y loca!

Un oasis en el desierto de Atacama

Llevábamos casi un año escapando de los autobuses nocturnos para recorrer largas distancias, la opción de los trenes litera nos daba más seguridad y además era más mucho más cómoda. Pero en Chile esto se iba a acabar, ya que aquí no hay red ferroviaria y encima las distancias son enormes. Así que para viajar desde Santiago a San Pedro de Atacama no tuvimos otra alternativa más que montarnos en un autobus cama de 22 horas. Nos habían hablado de lo cómodo que son estos autobuses en Sudamérica, especialmente en Chile, pero conociéndome no me acaba de fiar que fuera a dormir mucho. Sin embargo el viaje se nos pasó volando entre películas y snacks, y conseguimos dormir como ceporros por más de 6 horas.

El pueblo de San Pedro está en un pequeño oasis en mitad del gigantesco desierto de Atacama, el desierto más árido del mundo. Es por estos parajes por donde el rally Paris-Dakar transcurre todos los años en enero desde que abandonara África. Acostumbrados a los verdes paisajes de Nueva Zelanda y de Isla de Pascua, llegar al desierto fue todo un shock para nuestros ojos, pero poco a poco le fuimos encontrando la gracia. San Pedro es un pueblito muy turístico, pero a la vez muy tranquilo, con mucho encanto, con humildes casas de adobe, calles polvorientas, y un bonito centro histórico con una iglesia colonial pintada de blanco. Al estar situado en medio del desierto, durante el día hace mucho calor, es imprescindible ponerse algo en la cabeza para no sufrir una insolación, pero a la noche las temperaturas caen drásticamente y hay que ponerse ropa de abrigo. Sorprendentemente, las casas de adobe mantienen la temperatura interior constante y no pasamos nada de frio por las noches.

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Rapa Nui, the navel of the world

After only two days in Santiago and when we were starting to get over the tedious jet lag we packed our backpacks and headed to the airport again. Ahead of us a 6 hour flight across the Pacific to Easter Island! Ivan, the owner of the hostel where we were going to stay, welcomed us with the traditional flower necklace at the tiny Mataveri airport in Hanga Roa, and gave us a little tour around the town as we headed to the hostel. It didn’t take long until we saw our first moai in the very same Hanga Roa.

Easter Island is one of the most remote inhabited places on earth. To get an idea of its isolation, their closest human neighbours are in Pitcairn Islands 2075km away and Santiago is only 3770km away. There are several theories about the origins of the inhabitants of Easter Island. Most agree the first to reach the island were Polynesian, but other theories relate them with people from South America. The legend says that some 1,500 years ago a Polynesian chief named Hotu Matu’a sailed here in a double canoe from an unknown Polynesian island with his wife and extended family.

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Un Madrid en la otra parte del mundo

Aterrizar en Santiago supuso cerrar otra etapa más del viaje. Ya habíamos dicho adiós a Asia tres meses atrás, y ahora tocaba despedirse de Oceanía. Por delante nos esperaba la última parte de nuestra aventura, Sudamérica. Los dos teníamos muchas ganas de empezar a descubrir y saborear las diferentes culturas latinoamericanas, pero a la vez no podíamos evitar sentirnos tristes porque sin darnos cuenta ya habíamos puesto rumbo a casa, lo que significa el final de este maravilloso e increible viaje alrededor del mundo.

En Santiago solo estuvimos dos días antes de volar a Isla de Pascua. Luego volveríamos otros dos días más antes de emprender de lleno nuestra aventura por Sudamérica a bordo de interminables buses. No habíamos sufrido jet lag en todo el viaje desde que salimos de Madrid, pero la diferencia horaria de 15 horas con Nueva Zelanda se hizo notar esta vez. Esos dos primeros días en Santiago fueron durísimos. Nos despertábamos a las 4am y éramos incapaces de seguir durmiendo, y claro luego durante el día parecíamos dos zombies de turisteo por Santiago.

Podría pasarme un post entero intentando explicar como es Santiago, pero no lo voy a hacer. Simplemente imaginaros un Madrid un poco más caótico, sucio, feo y humilde, así es Santiago. La gente habla castellano-chileno (a veces ni nos enteramos de lo que nos dicen), las calles están llenas de puestos de mercadillo, las terrazas de los bares y cafeterías rebosan de ambiente, los restaurantes sirven menu del día para comer, la plaza de armas (lo mismo que la plaza mayor) está tomada por artistas callejeros, las tiendas cierran a la hora de comer, los jóvenes hacen botellón en los parques y toman vino mezclado con coca-cola (parece que el calimocho también lo trajeron los españoles a Sudamérica jeje), los grafitis cubren la mayoría de las fachadas en el centro, la M-30 de Santiago se atasca en hora punta… en definitiva mucha vida en la calle que nos recordaba a Madrid.

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New Zealand, the long white cloud island

Yes, we know we are a bit behind with the blog… we are about to leave Chile and we haven’t told you anything about our adventures in New Zealand yet. We have found it more difficult than what we expected to combine the travelling with keeping the blog up to date. So we have decided that we are going to put off the narration of all the things we did in New Zealand, at least for the moment. But at least we wanted to give you a sneak peek of how our 30 days in the long white cloud island were like, and tell you how much we loved it!

Our flight took off from sunny Sydney to land in wintery Queenstown. As we started our descend, and crossed the sea of clouds, we recognized the first snowed peaks and the incredible scenery, very Lords of the Rings like, of Queenstown and Lake Wakatipu. After only a couple of days in the touristy and extreme sports capital Queenstown, we picked up our fancy campervan. We appropriately named it Arwen, and started our 24 day tour around New Zealand. We headed first to Milford Sound and the drive through Fiorland mountains alone was breathtaking, not to mention the cruise. We continued on route to the Catlins, where we saw the cute yellow eyed penguins coming back home from a hard day fishing. Next, the visit to Moeraki Boulders left us somehow discontent, they were just a very few round rocks. In Wanaka we enjoyed two days of skiing in Treble Cone, with amazing views of the surrounding mountains and lakes. Continuing with the icy activities, we did a really cool one day trek in the Fox Glacier. As we kept heading up north and started to pass by kiwi fruit fields, I forced Isma to stop to buy a bag with no less than 28 kiwis for just two dollars! When we got to Abel Tasman with did a stunning 25km trek which left us exhausted for the next couple of days. Wine tasting in Malborough, a plate of green lip mussels in Haveloc and the spectacular Queen Charlotte Drive closed the chapter of the South Island, just before taking the ferry to Wellington in Picton. In total we spent 14 unforgettable days in the South Island.

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Australia en estado puro

Australia es un país enorme, del tamaño de Europa, habitado sorprendentemente por tan solo 22 millones de personas, principalmente blancos descendientes de los colonos británicos, pero también quedan muchos aborígenes y hoy en día también hay una buena cantidad de inmigrantes europeos y asiáticos. La inmensa gran mayoría vive a menos de 100km de la costa y el resto es desierto, el famoso outback. Nosotros pasamos allí dos meses y solo tuvimos tiempo de recorrer un tramo de la olvidada costa oeste, que nos encantó; una parte de la costa sur, pasando por la Great Ocean Road; la costa este, con sus 300 días de sol al año; y para terminar Sydney, que puso un broche final perfecto a nuestro viaje.

Hemos encontrado Australia un país carísimo, incluso más que Japón. Y encima nosotros hemos ido cuando el cambio de euros a dolares australianos era el peor de la historia. Yupi! Allí nos hemos tenido que acostumbrar a dormir en hostels compartiendo baño y zonas comunes con otros viajeros y residentes. Esto de encontrarnos a gente viviendo en los hostels ha sido todo una sorpresa. El motivo es sencillo, la famosa working holiday visa. Es un tipo de visado que te permite quedarte un año en Australia y trabajar a tiempo parcial. La gente que tiene este tipo de visado se pasa una temporada trabajando en un sitio, otra temporada viajando, otra temporada currando en otro sitio… y lo que más se adapta a sus necesidades de alojamiento por flexibilidad y precio son los hostels. Así hemos conocido a irlandeses, italianos, franceses, belgas, ingleses, etc, etc, menos españoles. Al parecer nuestro querido gobierno hace unos cuantos años tuvo la posibilidad de aceptar este tipo de visado para los españoles, pero declinó la oferta. Con el visado normal solo podemos pasar 3 meses en Australia y sin trabajar. Muchas gracias señores políticos por no darnos la posibilidad de pasar un año aprendiendo inglés y ganando unas perrillas en Australia.

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