Un Madrid en la otra parte del mundo

Aterrizar en Santiago supuso cerrar otra etapa más del viaje. Ya habíamos dicho adiós a Asia tres meses atrás, y ahora tocaba despedirse de Oceanía. Por delante nos esperaba la última parte de nuestra aventura, Sudamérica. Los dos teníamos muchas ganas de empezar a descubrir y saborear las diferentes culturas latinoamericanas, pero a la vez no podíamos evitar sentirnos tristes porque sin darnos cuenta ya habíamos puesto rumbo a casa, lo que significa el final de este maravilloso e increible viaje alrededor del mundo.

En Santiago solo estuvimos dos días antes de volar a Isla de Pascua. Luego volveríamos otros dos días más antes de emprender de lleno nuestra aventura por Sudamérica a bordo de interminables buses. No habíamos sufrido jet lag en todo el viaje desde que salimos de Madrid, pero la diferencia horaria de 15 horas con Nueva Zelanda se hizo notar esta vez. Esos dos primeros días en Santiago fueron durísimos. Nos despertábamos a las 4am y éramos incapaces de seguir durmiendo, y claro luego durante el día parecíamos dos zombies de turisteo por Santiago.

Podría pasarme un post entero intentando explicar como es Santiago, pero no lo voy a hacer. Simplemente imaginaros un Madrid un poco más caótico, sucio, feo y humilde, así es Santiago. La gente habla castellano-chileno (a veces ni nos enteramos de lo que nos dicen), las calles están llenas de puestos de mercadillo, las terrazas de los bares y cafeterías rebosan de ambiente, los restaurantes sirven menu del día para comer, la plaza de armas (lo mismo que la plaza mayor) está tomada por artistas callejeros, las tiendas cierran a la hora de comer, los jóvenes hacen botellón en los parques y toman vino mezclado con coca-cola (parece que el calimocho también lo trajeron los españoles a Sudamérica jeje), los grafitis cubren la mayoría de las fachadas en el centro, la M-30 de Santiago se atasca en hora punta… en definitiva mucha vida en la calle que nos recordaba a Madrid.

Pero si hay algo que distingue a Santiago es el Mercado Central, repleto de puestos donde comer marisco a lo chileno, y el cerro de San Cristobal, desde donde la ciudad parece no tener fin y se puede apreciar la cordillera de los Andes a través de una intensa nube de polución. Santiago es una de las ciudades más contaminadas del mundo, y aunque esté situada a los pies de los Andes es prácticamente imposible llegar a ver las cumbres de la cordillera. Supuestamente solo en invierno después de un día de lluvias se pueden ver los Andes con suficiente nitidez. Yo me pasé los cuatro días en Santiago sacándome mocos de la nariz a todas horas… que asco de polución!

A la vuelta de Isla de Pascua, como Santiago ya no nos estaba aportando nada nuevo, decidimos escaparnos a conocer Valparaiso en una excursión de día. Valpo, como lo llaman los locales, fue en su día un importante puerto en tránsito desde Europa hacia la costa californiana. Pero varios terremotos y la apertura del canal de Panamá hicieron que esta ciudad entrara en decadencia a comienzos del siglo XX. Hoy es una ciudad fea y bastante abandonada donde se aprecia un alto grado de pobreza, pero que tiene el encanto de los cerros con sus cientos de casas de colores que envuelven el centro de la ciudad como si se tratara de un afiteatro. Pablo Neruda la definía como “un montón, un racimo de casas locas”. Lo curioso es que para llegar a estos cerros hay que subir en unos ascensores que se encuentran escondidos por el centro y que llevan más de 100 años funcionando y chirriando. Nosotros paseamos por los bohemios cerros Alegre y Concepción, y nos dejamos perder por sus coloridas calles mientras disfrutábamos del arte urbano y de unas bonitas vistas de la bahía. Encontramos la casa de una señora que hacía alfajores artesanales, y sin saber que eran llamamos a su puerta. Nos explicó que eran dulces típicos que consisten de dos galletas bañadas en chocolate y rellenas de dulce de leche… estaban para chuparse los dedos! De vuelta a la estación de buses nos encontramos por sorpresa con un mini parque de atracciones que tenía futbolines con jugadores de una sola pierna, como en Guadalajara, y claro no me pude resistir y arrastré a Marta a jugar conmigo. El resultado fue más apretado de lo esperado, por supuesto yo gané el torneo pero Marta consiguió ganarme una partida, la primera que ganaba en su vida!

El último día en Santiago lo dedicamos a visitar una bodega, Viña Undurraga, una bodega fundada por un vasco en 1885, donde pudimos catar los ricos vinos chilenos que tanta fama tienen a nivel mundial. Nos sorprendió muy gratamente el vino Carmenere, un vino tinto afrutado parecido al Syrah, procedente de una uva que en Europa se extinguió y que actualmente es la más representativa de Chile. Esto de irse de bodegas en los diferentes paises ya se ha convirtido en toda una tradición!

Chile supuso también un cambio radical en el aspecto gastronómico. Quizás lo más representativo de Chile son los completos, la versión chilena de los hot dogs con palta (aguacate), los lomitos y los churracos, una especia de hamburguesas chilenas de cerdo y ternera respectivamente, y los jugos naturales. Dejando a un lado estas comidas rápidas que se encuentran por todas partes, los restaurantes ofrecen una comida muy castellana. Por ejemplo las cazuelas de ave o vacuno, una sopa con arroz y carne cocida que nos encantó como plato único; la chorrillana, huevos rotos con chorizo y carne de ternera adobada que nos supo a gloria; y otros muchos platos combinados de ternera, pollo o cerdo que bien se podrían encontrar en cualquier restaurante en España.

Visita nuestra galería de flickr para ver todas las fotos!

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Alojamiento

Hostel Blend – Aunque por el nombre parezca un hostel, no lo es. En realidad es más un Bed & Breakfast en casa de Rudy, un simpático y charlatán chileno-británico que ha viajado por el mundo durante 10 años seguidos y hace poco abrió este hostal en Santiago. Está un poco alejado del centro, pero se encuentra en el animado barrio de Brasil justo al lado de una parada de metro. Es una casa un poco vieja, pero tiene mucho encanto. Tiene wifi gratis y Rudy prepara un desayuno con huevos, pan fresco y mermelada de moras casera espectacular. Nosotros estuvimos allí super agusto los cuatro días con Rudy, su pareja, su perra Julieta y los demás huéspedes. Pagamos 24.000 pesos chilenos por día en una habitación con baño, aunque la ducha no funcionaba y teníamos que usar el baño compartido.

Transporte

De Santiago a Valparaiso en bus (1h 30min) – Fuimos a la ida y a la vuelta con Turbus. Salimos desde la estación de la Alameda en Santiago y compramos los billetes allí mismo justo antes de coger el bus. Lo mismo a la vuelta desde Valparaiso. Pagamos 2.500 pesos chilenos por persona y trayecto.

De Santiago a Viña Undurraga (30min) – Cogimos un micro (minibus) dirección a Talagante en la estación de San Borja. Hay una parada justo en frente de la bodega, así que solo hay que decirle al conductor que te pare allí. Para volver solo hay que cruzar la carretera y parar a un bus con dirección a Santiago. Pagamos 1.000 pesos chilenos por persona y trayecto.

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