A la mina!

Esta vez llegamos en bus a Potosí sin problemas. La carretera desde Uyuni estaba recien asfaltada y nuestro autobús se portó como un campeón subiendo las cuestas. Potosí es la ciudad más alta del mundo, a 4090 metros sobre el nivel del mar, y la verdad es que a esta altitud ya cuesta más respirar. La falta de oxígeno unida a los ultra contaminantes autobuses urbanos (micros) desterrados de China y todavía en uso en Bolivia hacían que pasear por el centro resultara todo un esfuerzo. Se dice que incluso los mejores equipos brasileños no tienen nada que hacer cuando el Real Potosí se clasifica para la Copa Libertadores y juega en casa.

Potosí es una bonita ciudad colonial, bueno solamente el centro lo es, con multitud de iglesias, conventos, museos y edificios históricos, situada a los pies del famoso Cerro Rico con sus minas de plata. Estas minas llevan siendo explotadas desde la época de la colonia española, de aquí provenía la mitad de la plata que circulaba entonces por Europa, y todavía a día de hoy varias co-operativas de mineros siguen trabajando en su interior en busca de la veta perfecta que les haga ricos. El Cerro Rico es también el principal atractivo turístico de Potosí ya que es posible visitar las minas en un tour. Nosotros no teníamos muy claro si queríamos hacer el tour o no ya que habíamos leido que las condiciones en las que se encuentran las minas son bastante arcaicas y por tanto peligrosas. Pero después de conocer a Efrain y Jesús que trabajan como guías en una agencia de ex-mineros creada por ellos mismos se nos quitaron los miedos y nos atrevimos a ser mineros por un día.

Primero nos llevaron al mercado de los mineros, donde ellos compran todo el material que necesitan para trabajar, incluyendo dinamita y por supuesto hojas de coca que no paran de mascar con la excusa de que es buena para la altitud. Allí los turistas no estamos obligados pero debemos comprar algo para regalar a los mineros cuando entremos a la mina. Nosotros compramos un par de bolsas de hojas de coca y una botella de refresco, por supuesto nada nocivo para la salud como son los cigarrillos o el alcohol de 96º que ellos toman muy a menudo. Seguidamene nos enfundamos el traje de minero y nos llevaron a conocer un ingenio, que es una planta de procesamiento donde se obtiene el polvo de plata que luego venden en sacos. Ya allí pudimos empezar a darnos cuenta de la falta de medidas de seguridad y de la antigüedad de las máquinas. Lo más gracioso fue ver cartones de huevos en la paredes como aislante de sonido. Fernando, un simpatico ingeniero de minas de Madrid con el que coincidimos en el tour, no salía de su asombro ante semejante desbarajuste.

Y por fín a la mina! Entramos por la mina Rosario y después de dos horas salimos sanos y salvos por la mina Santa Elena. Entre medias caminamos por angostos tuneles llenos de polvo, nos asomamos a los agujeros por los que los mineros descienden decenas de metros con una simple soga a falta de ascensor, subimos de nivel por una estrecha, larga y empinada escalera, hablamos con algunos mineros, apreciamos la diferencia entre los túneles coloniales construidos cuidadosamente con ladrillos de piedra y los actuales soportados de cualquier manera con troncos de madera, aprendimos acerca de las co-operativas de mineros, y conocimos al Tio. El Tio es un dios que se encuentra en cada mina y al que los mineros piden que les cuide dentro de la mina y les de una buena producción de minerales. En realidad el Tio es el demonio. Sobre la tierra los mineros rezan a Dios, pero dentro del cerro bajo tierra es territorio del demonio, así que le piden a él. No se sabe a ciencia cierta de donde procede esta creencia, pero se dice que fueron los españoles quienes se inventaron este dios para atemorizar a los esclavos africanos e indígenas que trabajaban en la mina y así obligarles a trabajar largas jornadas durante varios meses seguidos. Como en Quechua, el idioma de los Incas, no existía la consonante “d” la palabra “dios” derivó a “tios”, y de ahí a “tio”. Al final del tour nos alegramos de haberlo hecho ya que aprendimos mucho sobre la profesión de los mineros que da de comer a miles de familias en Bolivia.

Esa misma tarde vimos en el hostal el documental The Devil’s Miner, que trata sobre un chaval que se ve obligado a trabajar en las minas del Cerro Rico con tan solo 10 años debido a la muerte de su padre. Es una historia muy conmovedora que nos abrió aún más los ojos al duro mundo de los mineros, y que nos recordó lo afortunados que somos.

Siguiéndole la pista a la plata, el día siguiente visitamos la Casa de la Moneda. En este edificio construido por los españoles se fabricaban los lingotes de plata y se acuñaban las monedas de plata durante la colonia española. Lo más interesante del museo es ver la maquinaria que se empleaba para acuñar las monedas, desde aparatosas máquinas de madera traidas desde España cuyos ejes eran movidos por mulas, pasando por máquinas de vapor importadas de USA durante la República hasta más sofisticadas máquinas eléctricas que estuvieron en uso hasta 1953. Irónicamente ya no se acuñan monedas en Bolivia, se fabrican en Chile y Canada, y los billetes en Francia.

Pero Potosí no es solo el Cerro Rico y la Casa de la Moneda, es una ciudad vibrante de vida a todas horas. Como siempre, lo mejor es ir al mercado central para ver la vida local. Por allí nos perdimos el sábado en busca de hojas de coca (para nuestros habituales mates de coca por las tardes), salteñas y tucumanas para comer, un reloj para saber en que mundo vivimos (aunque la verdad en Bolivia los horarios no importan), un helado de postre, baratijas de plata para Marta, libros de lectura (que seguimos sin encontrar), y una mochila para llevar el balón de baloncesto con forma de balón de baloncesto que no hemos parado de ver desde que llegamos a Bolivia. En definitiva una soleada mañana de sábado de mercadillo.

Después de tres días en Potosí nos fuimos de allí con pena. Los chicos de la agencia del tour de la mina nos trataron como sus amigos, saludándonos cada vez que nos cruzábamos con ellos por la calle, el señor que acababa de abrir el restaurante donde solíamos ir a cenar por las noches se portó con nosotros de lujo, y en general la gente de Potosí nos trató tan bien que hicieron que nos sintiéramos casi como en casa.

Visita nuestra galería de flickr para ver todas las fotos!

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Alojamiento

Hostal La Casona – Hostal con un montón de habitaciones en una bonita casa colonial con patios interiores. Nosotros nos quedamos en una habitación matrimonial con baño compartido. Lo bueno de la habitación es que tenía calefacción para las frias noches de Potosí. Había wifi que solo funcionaba en recepción hasta las 22:00 y no se podía usar skype. El desayuno estaba incluido pero no era el mejor, había días que el pan estaba muy duro y la ración de mantequilla y mermelada era un poco escasa. Aunque el hostal estaba bastante bien, nos parecieron un poco ratas por varios detalles: el vasito de yogurt en el desayuno estaba solo reservado para las habitaciones con baño privado, el DVD del documental The Devil’s Miner que ponían todas las tardes estaba rayado (no se podía ver el final de la película) y aunque ya lo sabían y había que pagar 5 bolivianos por verlo no se dignaban a comprar uno nuevo, la cocina estaba abierta pero no te dejaban usar ninguno de sus utensilios de cocina. A pesar de todo ello seguramente volveríamos. Pagamos 90 BOB por noche.

Transporte

De Uyuni a Potosí en bus (4h) – Compramos el billete el mismo día un poco antes de que saliera el bus. Había dos autobuses que salían a las 9:30. Una compañía tenía el autobus lleno, y la otra no tenía gente suficiente para salir porque no era rentable. Tuvimos que esperar un rato hasta que consiguieron juntar varias personas que querían ir a Potosí y así conseguimos viajar esa mañana. Pagamos 30 BOB por persona.

Tour de la mina

Hicimos el tour con Big Deal, la única agencia creada y gestionada por ex-mineros. Aunque el precio es un poco más caro que lo que ofrecen las otras agencias, nos decantamos por Big Deal por su amabilidad, sinceridad y profesionalidad. Efrain nos convenció desde el primer momento en el que nos recibió en la terminal de buses. Nuestro guía, Jesús el flaco, se portó estupéndamente con nosotros y nos contó todo lo que sabía acerca de la mina y los mineros, e hizo el tour muy ameno, divertido y seguro. Pagamos 100 BOB por persona y no solo quedamos muy satisfechos, sino que también hicimos buenos amigos en Potosí.

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