Tras las huellas de los incas

Otro día más tenemos que empezar un post hablando de nuestro viaje, o mejor dicho aventura, en autobús. Llegamos temprano a la terminal de Puno y sin perder tiempo nos montamos en el primer bus que salía con destino a Cusco. Hicimos caso omiso de los autobuses turísticos que salían más tarde y que supuestamente te llevaban directo, nosotros queríamos salir lo antes posible y si encima nos ahorrábamos unos soles pues mejor. Nuestro bus era un Libertad, un poco viejo, lleno de locales cargados con bolsas y aguayos hasta arriba, paraba a todas horas a coger y dejar gente, subían vendedoras con quesos y otros productos autóctonos, y para colmo le costaba subir las cuestas. Pero a pesar de todas estas incomodidades, hemos aprendido que estos autobuses son los más divertidos, y este Libertad no nos defraudó.

Para empezar una señora nos intentó vender una plancha que llevaba en su aguayo, la cual rechazamos amablemente porque no teníamos espacio en nuestras mochilas; luego un vendedor de medicinas naturales nos soltó una charla de casi una hora para intentar vendernos sus productos, lo cierto es que lo hizo muy bien porque medio autobús le compró sus remedios milagrosos; y el colofón final llegó a mitad de camino cuando rompimos el embrague… no nos podíamos creer que después de más de un año viajando en trastos por medio mundo llegó el momento de quedarnos tirados! Después de ver los esfuerzos del conductor/mecánico para tratar de solucionar el problema durante casi una hora, y de comprender que esto no tenía fácil y rápida solución, decidimos intentar parar otro autobús que también hiciera la ruta Puno – Cusco. Y así aperició en nuestro rescate un autobús Power, que había salido de Puno una hora más tarde que nosotros. Aunque iba lleno, nos esperaron a que sacáramos nuestras mochilas del Libertad y nos hicieron un hueco. Hablando con el conductor del bus Power nos contó que Libertad es una pésima compañía, con una flota de solo 6 autobuses, todos sin papeles y encima suelen llevar contrabando escondido en las bodegas de los autobuses. Vamos que se rompiera el bus fue lo mejor que nos podía pasar! En resumen, tardamos 9 horas en llegar a Cusco y entre los dos autobuses pagamos lo mismo que nos hubiera costado uno turístico que tardaba 6 horas. Pero bueno así es la vida del viajero.

El día siguiente ya descansados salimos a conocer Cusco, la antigua capital del imperio Inca, cuya civilización perduró durante unos 300 años hasta la llegada de los españoles en el siglo XVI. Cusco es una ciudad con mucho encanto, ideal para perderse por sus calles y plazas disfrutando tanto de la arquitectura inca con sus estrechas calles empedradas, sus imponentes muros construidos con piedras gigantes, sus canales de irrigación, sus ruinas… como también de la arquitectura colonial con sus iglesias, sus casonas, sus conventos… Aunque hay muchos museos, iglesias y ruinas interesantes en Cusco, nosotros no entramos a ninguna. Para poder acceder a la mayoría de estos sitios es necesario comprar un boleto turístico que incluye la visita a todos pero que es muy caro, y a nosotros no nos compesaba. Preferíamos perdernos por las callejuelas de Cusco que es gratis y, como no, ir al mercado.

En el mercado de San Pedro hemos descubierto muchas de las 35 variedades de choclos o maices que existen en Perú: gigante, amarillo, morado, marrón, rojo, etc. Jamás imaginé que habría tantas, como de patatas, que en Perú hay alrededor de 3000 clases distintas! Además hemos encontrado hogazas de pan redondas dulces llamadas chuta que bien podrían dar de comer a 10 personas, hemos comido un rico arroz a la cubana (aunque sin tomate) y el mejor caldo de gallina del mundo, y hemos probado el delicioso jugo de lúcuma, una fruta parecida de sabor a la papaya.

Antes de marcharnos a conocer el Machu Picchu decidimos pasar un día recorriendo el Valle Sagrado por nuestra cuenta. Al igual que en Cusco, para visitar las ruinas del Valle Sagrado hay que adquirir otro boleto turístico que permite el acceso a todas ellas, y tampoco esta vez nos merecía la pena. Primero fuimos a Pisac, donde se pueden ver terrazas incas desde el mismo pueblo sin subir a las ruinas. Coincidió que justo ese día era el aniversario de Pisac y había bailes y desfiles en la plaza de armas. Qué suerte la nuestra! Sin embargo las celebraciones nos decepcionaron un poco ya que todo fue demasiado oficial y protocolario. Después de ver los bailes regionales, dar una vuelta por el mercado artesanal, probar las famosas empanadas (que más que empanadas son panes rellenos) y desubrir los castillos de cuyes (casitas de cobayas) junto a los hornos coloniales (sí, en Perú se comen a las cobayas), nos fuimos dirección a Ollantaytambo.

Ollantaytambo nos encantó. Es una especie de mini Cusco con callejones empedrados, puertas incas y casas viejas emplazado entre dos montañas con ruinas incas. La más espectacular de estas ruinas solo se puede visitar con el boleto turístico, pero las ruinas de la otra montaña son gratis y desde allí se puede observar con precisión las ruinas principales, el pueblo y el valle desde la altura. En Ollanta, como lo conocen los locales, pasamos una noche y probamos los famosos anticuchos. Los anticuchos son unos pinchos morunos de corazón de vaca cocinados a la brasa que todo el mundo dice que son deliciosos. Al probarlos su sabor nos resultó muy familiar, y al preguntarle a la vendedora nos confesó que estos eran de carne de ternera. Qué decepción! Tendremos que esperar a otra oportunidad para probar los de verdad.

La mañana siguiente la pasamos en el mercado de Ollanta entre desayunos, compras de avituallamiento para Machu Picchu, y más jugos naturales de frutas. Ya solo quedaba esperar al tren que nos llevaría a Aguas Calientes, y para no hacer larga la espera compartimos un choclo con queso como quien come pipas. Nos vamos al Machu Picchu!

Visita nuestras galería de Cusco y el Valle Sagrado para ver todas las fotos!

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Alojamiento

Cusco, Hatun Quilla – Encontramos este acogedor, familiar y nuevo hostal por casualidad. Nada más llegar nos ofrecieron un matecito de bienvenida y nos trataron casi como si fuéramos de la familia. El hostal está hubicado en un tranquilo callejón en la calle Meloc, a pocos minutos andando de la plaza de San Francisco. Nos quedamos en una habitación matrimonial con baño compartido. Todo estaba muy limpio, había wifi y el riquísimo desayuno estaba incluido en el precio. Pagamos 40 soles por noche. Volveríamos sin pensarlo dos veces ya que posiblemente es el mejor hostal en el que nos hemos quedado en toda Sudamérica.

Ollantaytambo, Hostal Sumac Chaska – Nos quedamos en este hostal abierto recientemente y muy cerca de la plaza de armas. Nuestra habitación tenía cama matrimonial, estaba decorada en plan moderno a lo Ikea y teníamos baño compartido. No había wifi ni desayuno. Pagamos 30 soles por una noche. Seguramente volveríamos.

Transporte

De Puno a Cusco en bus (9h) – Viajamos con Libertad de día por 15 soles por persona parando en Juliaca y en muchos otros sitios hasta que el autobús se rompió. Luego nos montamos en un Power que estaba mucho mejor aunque también hacía bastantes paradas. En Power pagamos 20 soles por persona, aunque luego nos enteramos que el precio oficial del viaje eran 15 soles. En total tardamos 8 horas desde Puno más una hora más de la avería. Los buses turísticos cuestan alrededor de 30 soles y supuestamente van directos de Puno a Cusco.

De Cusco a Pisac en combi (30min) – Para ir a Pisac cogimos un combi en una cochera de la calle Puputi. Para encontrar las cocheras solo hay que escuchar a los señores gritando Pisac Pisac! Pagamos 3 soles y medio por persona.

De Pisac a Ollantaytambo en bus y combi (1h 30min) – De Pisac cogimos un bus local a Urubamba que tardó una hora y nos costó 2 soles y medio por persona. Pasan autobuses muy frecuentemente. Luego en la terminal de Urubamba nos montamos en un combi que tardó media hora hasta Ollanta y nos costó un sol y medio a cada uno.

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4 thoughts on “Tras las huellas de los incas

  1. Chicos, hay un sitio en Lima en el distrito de Barranco (el barrio bohemio al sur de Miraflores) justo en frente de un puente famoso, donde se comen los mejores anticuchos. Esos sí que son de corazón de vaca. Id con las barrigas vacías porque llenan mucho!!
    Y por cierto, las cobayas se llaman cuik (o algo así, jeje)

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