Un colofón de ensueño

Desde que empezamos esta aventura siempre habíamos soñado con acabarla de una manera especial, y que mejor que en una playa paradisiaca, remota y tranquila tostándonos bajo el sol y corriendo olas (surfeando) en pleno diciembre. En busca de esa idílica playa nos fuimos hacia el norte de Perú, muy cerca de la frontera con Ecuador. Pero antes hicimos una breve parada en Chiclayo, tierra del famoso Señor de Sipan, del arroz con pato a la chiclayana, de los King Kong y de uno de los mercados más variopintos de Perú.

Isma eating a King Kong

Con un solo día por delante en Chiclayo, y después de un largo y pesado viaje nocturno con escala, decidimos tomárnoslo con mucha calma. Aunque teníamos muchas ganas de conocer la tumba del Señor de Sipán, al final nos pudo más la idea de degustar la gastronomía autóctona y perdernos por una última vez en un mercado local, y sobre todo si íbamos a encontrar brujos, curanderos, amuletos y remedios de todo tipo importados de la selva. Una de las cosas que más me ha sorprendido de Perú es la dualidad cristiano-pagana que nos hemos encontrado desde que salimos de Lima. Me explico, por ejemplo una persona puede ir a misa todos los domingos a rezar y a pedirle a Dios salud entre otras cosas, pero a la vez si cree que tiene mala suerte porque le han echado un mal de ojo acudirá al brujo para curarlo. Por suerte o desgracia, nosotros no probamos los servicios de ningún hechicero pero si nos llevamos unos amuletos para atraer a la buena suerte, nunca se sabe si estas cosas funcionan!

Witch market

Viendo la vida pasar una vez más en la plaza de armas esa misma tarde conocimos a un peculiar personaje, Carlos Quinto, doctor y no emperador como él mismo se autopresentó. Carlos era un señor peruano de setenta y pico años, un intrépido viajero en su época, y un apasionado al futbol playa a su edad. Irónicamente siendo médico no creía en la medicina y era ferviente devoto de la acupuntura, que según nos contaba era su secreto para mantanerse tan “joven”. Si nos llegamos a descuidar un momento casi nos lleva a probar las agujas de su acupunturista milagroso. Ay como echaremos de menos en el futuro días tan sencillos y locales como aquel en Chiclayo.

Y por fín pusimos rumbo hacía las playas de Máncora. En nuestra mente teníamos la imagen de exóticas playas rodeadas de palmeras y frondosa vegetación, con surferos corriendo olas en sus pequeñas tablas, pero cual fue nuestra decepción al encontrarnos con un terreno super árido repleto de pozos petroleros y un mar plano. La primera noche dormimos en Máncora, un pueblo costero donde tradicionalmente venía la jet set peruana de vacaciones pero que ahora se ha convertido en un mini Benidorm ruidoso y super turístico. A la mañana siguiente salimos de allí espantados y gracias a la recomendación de una amiga de Marta fuimos a probar suerte a Los Organos, un pequeño pueblo costero a tan solo 10 minutos al sur de Máncora pero mucho más tranquilo, y qué gran acierto!

Los Organos

Encontramos un modesto y familiar guest house en la misma playa de Punta Veleros, una inmensa playa con alojamientos bastante pijos pero que solo se llenan de Navidades a Semana Santa, así que para los pocos días que nosotros íbamos a pasar allí teníamos la playa casi para nosotros solos. Desayunos en el balcón mirando al mar, jugar a palas de playa con una pelota de tenis rota forrada de cinta adhesiva, baños en el tranquilo Océano Pacífico, comer los ceviches y tiraditos más frescos y ricos de todo Perú, siestas en la playa, partidas de cartas al guiñote, jugar al ultimate frisbee con perros playeros, paseos con nuestro amigo perruno al que bautizamos como Dientes y que mordía hasta cangrejos, atardeceres preciosos, cenas en la plaza del pueblo amenizadas por charlas de la iglesia evangélica, copas de vino y largas conversaciones en la hamaca del balcón mirando a las estrellas… así se pasaron en un visto y no visto cuatro de los días más bonitos de nuestro viaje, haciendo recuento de los últimos 14 meses e imaginándonos que nos deparará el futuro. Una pena que al final no pudimos hacer surf, pero no nos importó en absoluto, seguro que volveremos a subirnos a una tabla en el Cantábrico dentro de poco.

Relaxing at our balcony Delicious tiradito Punta Veleros beach

Visita nuestras galerías de Chiclayo y Los Organos para ver todas las fotos!

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Alojamiento

Chiclayo, Hostal Sol Radiante – Nos quedamos en este céntrico hostal de estandar peruano en una habitación con cama matrimonial y baño privado. Tenía wifi, agua caliente y tele, pero el desayuno no estaba incluido. El hombre y la mujer de recepción fueron muy amables y nos dieron algunos consejos para el día. Pagamos 50 PEN por una noche y seguramente repetiríamos.

Máncora, Hostal Bako – Este básico hostal está situado en el malecón turístico. Tiene varios pisos con un montón de habitaciones. Nosotros nos quedamos solo una noche en una habitación con cama matrimonial y baño privado sin agua caliente. Tampoco tenía wifi ni desayuno. Por la noche no pudimos dormir ni con tapones en los oidos por el descomunal ruido de los bares de alrededor con música hasta las 6am. Pagamos 40 PEN y no volveríamos por el ruido.

Los Órganos, Posada del Sol – Posada familiar en la misma playa de Punta Veleros con solo tres habitaciones, dos abajo y una arriba. Nosotros nos quedamos en la de arriba porque no había nadie y pudimos elegir. Teníamos un gran balcón solo para nosotros, con dos hamacas y una mesa donde desayunábamos todos los días mirando al mar. La habitación tenía cama matrimonial y baño privado sin agua caliente, pero no hacía falta con el calor que hacía. La señora de la casa nos dejaba usar su cocina y la wifi. Pagamos 65 PEN por noche en temporada baja, y volveríamos sin pensarlo.

Posada del Sol

Transporte

De Huaraz a Trujillo en bus (6h) – Viajamos de noche con Movil Tours en bus cama. El trayecto fue bastante movidito porque había que pasar por la cordillera negra y el conductor cogía las curvas un poco más rápido de lo que debería. Lo malo de este viaje es que llegamos a las 4:30 y casi no dormimos nada. Pagamos 60 PEN por persona.

De Trujillo a Chiclayo en bus (4h) – Nada más llegar a la terminal de Movil Tours en Trujillo nos fuimos en taxi a la terminal de Transportes Linea para coger el bus de las 6am a Chiclayo. Viajamos en un bus normal y pagamos 14 PEN por persona.

De Chiclayo a Máncora en bus (6h) – Viajamos muy cómodos en bus semi cama con Transportes Chiclayo. Salimos a las 10am y llegamos a Máncora a las 4pm. Nos dieron de comer muy rico y no pararon de ponernos películas de guerra durante todo el trayecto, un poco pesado la verdad. Pagamos 35 PEN por persona.

De Máncora a Los Órganos en colectivo (10min) – Para ir de Máncora a Los Órganos y viceversa se puede ir en colectivo, un taxi que solo hace ese recorrido y sale desde una parada fija cuando está lleno. Cada trayecto cuesta 3 PEN por persona.

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