Lima, last stop

Después de unos días estupendos en la playa volvimos a la gris Lima donde pasamos los últimos dos días antes de volar a casa. Fueron unos días raros, teníamos una sensación triste y amarga porque estábamos a punto de despertar de un sueño que no queríamos que acabara, pero a la vez estábamos con ganas de reencontrarnos con nuestras familias y amigos después de tanto tiempo. Como buen anfitrión, Javi nos volvió a recibir con los brazos abiertos en su casa, y para convatir la tristeza y no pensar en la vuelta nos apuntamos a un curso de cocina peruana con el chef Danillo.

Marta & Danillo

Danillo, que había trabajado previamente en el sector de la restauración y conocía muy bien el mundo de la gastronomía peruana, ahora se dedicaba plenamente a su negocio, un bed & breakfast en Lima donde también daba clases de cocina. Primero nos llevó de visita al enorme y moderno mercado de Minka en Callao, donde compramos todos los ingredientes necesarios para los platos que íbamos a preparar y nos explicó los posibles usos de otros alimentos que nos íbamos encontrando por el mercado. Yo me quedé asombrado cuando vimos los puestos de bananas y de patatas, qué de variedades distintas! Marta ya de paso aprovechó a comprar algunas cositas para llevar de vuelta y poder preparar en casa chicha morada, salsa de ají, canchitas… Ah, y también probamos por fín la famosa chicha de jora, que no chicha morada. Esta chicha es una especie de cerveza de maiz que se deja fermentar en una vasija de barro enterrada en la tierra, y fue dificil conformarse solo con un vaso!

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Un colofón de ensueño

Desde que empezamos esta aventura siempre habíamos soñado con acabarla de una manera especial, y que mejor que en una playa paradisiaca, remota y tranquila tostándonos bajo el sol y corriendo olas (surfeando) en pleno diciembre. En busca de esa idílica playa nos fuimos hacia el norte de Perú, muy cerca de la frontera con Ecuador. Pero antes hicimos una breve parada en Chiclayo, tierra del famoso Señor de Sipan, del arroz con pato a la chiclayana, de los King Kong y de uno de los mercados más variopintos de Perú.

Isma eating a King Kong

Con un solo día por delante en Chiclayo, y después de un largo y pesado viaje nocturno con escala, decidimos tomárnoslo con mucha calma. Aunque teníamos muchas ganas de conocer la tumba del Señor de Sipán, al final nos pudo más la idea de degustar la gastronomía autóctona y perdernos por una última vez en un mercado local, y sobre todo si íbamos a encontrar brujos, curanderos, amuletos y remedios de todo tipo importados de la selva. Una de las cosas que más me ha sorprendido de Perú es la dualidad cristiano-pagana que nos hemos encontrado desde que salimos de Lima. Me explico, por ejemplo una persona puede ir a misa todos los domingos a rezar y a pedirle a Dios salud entre otras cosas, pero a la vez si cree que tiene mala suerte porque le han echado un mal de ojo acudirá al brujo para curarlo. Por suerte o desgracia, nosotros no probamos los servicios de ningún hechicero pero si nos llevamos unos amuletos para atraer a la buena suerte, nunca se sabe si estas cosas funcionan!

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Un trek de película

Entre todas las cosas que hemos aprendido en este viaje, una de ellas es que a los dos nos apasiona la montaña. La experiencia que vivimos durante los 17 días de trek por los Annapurnas nos encantó, así que antes de volver a casa quisimos repetir y disfrutar de nuevo de varios días de caminata por la montaña. El lugar que elegimos para ello fue La Cordillera Blanca, en Los Andes, al norte de Lima. Está ubicada dentro del Parque Nacional Huascarán, se extiende unos 180km de norte a sur, y tiene más de 600 glaciares, 17 picos de más de 5500m y otros 16 picos por encima de los 6000m. Pero si por algo es bien conocida La Cordillera Blanca es por el pico Artesonraju, la montaña del logo de Paramount Pictures.

Huascaran National Park

Con la idea de este trek en mente nos marchamos de Lima hacia Huaraz, una pequeña ciudad situada a 3000m de altura sobre el nivel del mar y a los pies de Los Andes. Después de habernos paseado por sitios bastante turísticos en Perú, Huaraz nos pareció un lugar de lo más auténtico donde las coloridas llicllas (aguayos), las faldas bombachas y los sombreros volvían a dejarse notar. Por momentos parecía que habíamos vuelto a Bolivia.

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Merry Xmas!

Este año ya de vuelta en casa queremos desearos a todos una FELIZ NAVIDAD!!!!! Para nosotros van a ser unas fechas muy especiales junto a la familia y los amigos a los que tantas ganas teníamos de ver después de más de 14 meses.

Todavía tenemos pendiente contaros algunas aventuras por el Perú y el final del viaje, así que no desconecteis, ya os iremos poniendo al día poco a poco.

Feliz Navidad!!!

Panzasurfing en las dunas

Antes de llegar a Lima hicimos una parada más, esta vez en el oasis de Huacachina. Tanto nos habían hablado de las gigantes dunas de este lugar y de la posibilidad de soltar adrenalina haciendo sandboarding y montando a bordo de un buggy a toda velocidad por el desierto que decidimos parar un par de días allí y hacer la turistada.

Buggy drive

Huacachina es un pueblecito plénamente turístico situado alrededor de un pequeño lago natural con palmeras y exóticas plantas en medio del desierto. Este oasis fue una vez un lugar de recreo para la jet set peruana, pero hoy en día solo quedan antiguos hoteles con piscinas y se ha convertido en una parada obligatoria para la mayoría de los gringos viajando por Perú.

The oasis

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Un oasis en lo más profundo del Colca

Y por si nos habían pasado pocas cosas en el autobús a Cusco, en el siguiente bus a Arequipa vimos algo que ya no nos podíamos ni creer. A mitad de recorrido se subió una vendedora con su aguayo cargado de algo que no alcanzábamos a ver, un machete en la mano y gritando cancacho cancacho! No teníamos ni idea de que era, pero la señora no paraba de pegar machetazos a lo que su aguayo escondía y despachar incontables bolsas de algo que parecía carne con papas asadas a medio autobús. Al final descubrimos que el cancacho era carne de cordero asada, y lo que transportaba en su aguayo era todo un cordero asado. Y como donde fueres haz lo que vieres, y sobre todo si es la hora de la comida, no nos pudimos resistir y nosotros también comimos un rico pedacito de cancacho chupándonos los dedos en el bus!

Cancacho cancacho!

La ciudad blanca de Arequipa es la segunda ciudad más grande de Perú, y se la conoce así por sus típicas construcciones coloniales de sillar, una piedra volcánica blanca de la zona. El centro está plagado de antiguas casonas de sillar con techos abovedados y floridos patios interiores, que hoy hacen las funciones de hoteles, restaurantes, tiendas, bares, universidades, bancos… En Arequipa las visitas obligadas son la bonita plaza de armas con su imponente catedral, el colorido monasterio de Santa Catalina y el museo que alberga la momia inca Juanita, pero nosotros antes de nada teníamos otros planes… ir al cine a ver el desenlace de la saga Twilight! Ya el año pasado en Mumbai Marta me obligó a ver en el portatil la penúltima peli de la saga, y por supuesto este año estando en una ciudad con multicines y películas en V.O. no podía dejar de llevarla al cine para ver el tan esperado final. Para mi lo mejor de ir al cine fueron la Inka Cola de casi un litro y el cubo gigante de palomitas que nos comimos con derecho a un relleno extra que no nos pudimos acabar.

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Tras las huellas de los incas

Otro día más tenemos que empezar un post hablando de nuestro viaje, o mejor dicho aventura, en autobús. Llegamos temprano a la terminal de Puno y sin perder tiempo nos montamos en el primer bus que salía con destino a Cusco. Hicimos caso omiso de los autobuses turísticos que salían más tarde y que supuestamente te llevaban directo, nosotros queríamos salir lo antes posible y si encima nos ahorrábamos unos soles pues mejor. Nuestro bus era un Libertad, un poco viejo, lleno de locales cargados con bolsas y aguayos hasta arriba, paraba a todas horas a coger y dejar gente, subían vendedoras con quesos y otros productos autóctonos, y para colmo le costaba subir las cuestas. Pero a pesar de todas estas incomodidades, hemos aprendido que estos autobuses son los más divertidos, y este Libertad no nos defraudó.

Para empezar una señora nos intentó vender una plancha que llevaba en su aguayo, la cual rechazamos amablemente porque no teníamos espacio en nuestras mochilas; luego un vendedor de medicinas naturales nos soltó una charla de casi una hora para intentar vendernos sus productos, lo cierto es que lo hizo muy bien porque medio autobús le compró sus remedios milagrosos; y el colofón final llegó a mitad de camino cuando rompimos el embrague… no nos podíamos creer que después de más de un año viajando en trastos por medio mundo llegó el momento de quedarnos tirados! Después de ver los esfuerzos del conductor/mecánico para tratar de solucionar el problema durante casi una hora, y de comprender que esto no tenía fácil y rápida solución, decidimos intentar parar otro autobús que también hiciera la ruta Puno – Cusco. Y así aperició en nuestro rescate un autobús Power, que había salido de Puno una hora más tarde que nosotros. Aunque iba lleno, nos esperaron a que sacáramos nuestras mochilas del Libertad y nos hicieron un hueco. Hablando con el conductor del bus Power nos contó que Libertad es una pésima compañía, con una flota de solo 6 autobuses, todos sin papeles y encima suelen llevar contrabando escondido en las bodegas de los autobuses. Vamos que se rompiera el bus fue lo mejor que nos podía pasar! En resumen, tardamos 9 horas en llegar a Cusco y entre los dos autobuses pagamos lo mismo que nos hubiera costado uno turístico que tardaba 6 horas. Pero bueno así es la vida del viajero.

El día siguiente ya descansados salimos a conocer Cusco, la antigua capital del imperio Inca, cuya civilización perduró durante unos 300 años hasta la llegada de los españoles en el siglo XVI. Cusco es una ciudad con mucho encanto, ideal para perderse por sus calles y plazas disfrutando tanto de la arquitectura inca con sus estrechas calles empedradas, sus imponentes muros construidos con piedras gigantes, sus canales de irrigación, sus ruinas… como también de la arquitectura colonial con sus iglesias, sus casonas, sus conventos… Aunque hay muchos museos, iglesias y ruinas interesantes en Cusco, nosotros no entramos a ninguna. Para poder acceder a la mayoría de estos sitios es necesario comprar un boleto turístico que incluye la visita a todos pero que es muy caro, y a nosotros no nos compesaba. Preferíamos perdernos por las callejuelas de Cusco que es gratis y, como no, ir al mercado.

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Bolivia y sus colores

Llegamos con muchas ganas a Bolivia justo el día del aniversario del comienzo de esta vuelta al mundo y después de 25 días nos hemos llevado un pedacito de Bolivia en nuestro corazón. Bolivia es un país muy humilde, irónicamente es el más rico en recursos naturales de toda Sudamérica, pero a la vez es el más pobre. Aquí la mayoría de la gente vive del campo, de los animales y de las minas, trabajos muy exigentes que se hacen notar en la arrugada fisonomía y en las ásperas manos de los bolivianos. Son personas muy amables, acogedoras y calurosas, pero por desgracia no saben del uso de la palabra gracias, que de vez en cuando se agradece cuando echas una mano a alguien. Lo que nos ha gustado mucho es que la mayoría de la gente no está viciada por los euros o los dólares de los turistas, son honestos y también generosos, y eso dice mucho a favor de ellos. Por suerte para unos, y por desgracia para otros, el acutal presidente Evo Morales está luchando mucho por los derechos de los más pobres para que puedan tener acceso a la educación, a la medicina, incluso a agua corriente, y quizás así puedan tener un futuro mejor.

Para nosotros Bolivia ha sido un país con mucho encanto, muy auténtico, donde las tradiciones siguen todavía fuertemente arraigadas en casi toda la población, desde jóvenes hasta ancianos. Las señoras, o cholitas, visten tanto en pueblos como en ciudades su traje tradicional, con la falda bombacha, el chal, e incluso el bombín, sin olvidarnos de sus largas trenzas. Es muy curiosa la historia de como llegó la moda del bombín a Bolivia. Resulta que cuando los británicos estuvieron en Bolivia construyendo las vías del tren en los años 20, recibieron un cargamento de bombines desde Gran Bretaña que les quedaban pequeños, así que los regalaron a los locales. Desde ese momento las mujeres Quechua y Aymara lo adoptaron como parte de su vestimenta y no hasta hoy no han dejado de llevarlo. Para transportar cualquier tipo de mercancia, incluso a sus propios crios, las cholitas usan el aguayo, un colorido trozo de tela en la que enrollan cualquier cosa, lo cargan a la espalda y se lo atan al pecho. Yo me atrevería a decir que no hay ni un solo carrito de bebes en toda Bolivia.

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Arriba y abajo por La Paz

La llegada a La Paz en autobus es quizás la llegada más espectacular a una ciudad que hemos vivido en este viaje. Una vez que dejamos atrás el suburbio de El Alto aparece repentinamente bajo nuestra mirada la enorme ciudad de La Paz ocupando un enclave impensable entre montañas y con la Cordillera Real de telón de fondo. Cualquiera diría que La Paz tiene solo 1 millón de habitantes!

Una vez que llegamos al centro de La Paz lo primero que pensamos es a quién se le habrá ocurrido construir esta ciudad en medio de montañas. Vayas donde vayas es cuesta arriba o cuesta abajo, y claro todo lo que sube baja, y todo lo que baja sube, así que no nos quedaba otra más que hacer piernas. Además estar a 3700 metros sobre el nivel del mar no ayudaba para nada. Sin embargo le encontramos cierto encanto a las montañas de La Paz, y es que desde la plaza central una vez que se hace de noche las luces de las casas que están en los cerros parecen un mar de estrellas en el cielo.

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A la mina!

Esta vez llegamos en bus a Potosí sin problemas. La carretera desde Uyuni estaba recien asfaltada y nuestro autobús se portó como un campeón subiendo las cuestas. Potosí es la ciudad más alta del mundo, a 4090 metros sobre el nivel del mar, y la verdad es que a esta altitud ya cuesta más respirar. La falta de oxígeno unida a los ultra contaminantes autobuses urbanos (micros) desterrados de China y todavía en uso en Bolivia hacían que pasear por el centro resultara todo un esfuerzo. Se dice que incluso los mejores equipos brasileños no tienen nada que hacer cuando el Real Potosí se clasifica para la Copa Libertadores y juega en casa.

Potosí es una bonita ciudad colonial, bueno solamente el centro lo es, con multitud de iglesias, conventos, museos y edificios históricos, situada a los pies del famoso Cerro Rico con sus minas de plata. Estas minas llevan siendo explotadas desde la época de la colonia española, de aquí provenía la mitad de la plata que circulaba entonces por Europa, y todavía a día de hoy varias co-operativas de mineros siguen trabajando en su interior en busca de la veta perfecta que les haga ricos. El Cerro Rico es también el principal atractivo turístico de Potosí ya que es posible visitar las minas en un tour. Nosotros no teníamos muy claro si queríamos hacer el tour o no ya que habíamos leido que las condiciones en las que se encuentran las minas son bastante arcaicas y por tanto peligrosas. Pero después de conocer a Efrain y Jesús que trabajan como guías en una agencia de ex-mineros creada por ellos mismos se nos quitaron los miedos y nos atrevimos a ser mineros por un día.

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