Descubriendo la China moderna

Todavía recuerdo la pereza que nos daba montarnos en aquel tren nocturno en Hanoi que nos iba a llevar a China. Era duro dejar atrás el sudeste asiático con el calor de sus gentes para adentrarnos en el gran gigante chino, que curiosamente nos había denegado el visado en el consulado de Ho Chi Minh City unas semanas antes. Teníamos metido en la cabeza el estereotipo de que los chinos iban a ser rudos, maleducados, insociables… así como para tener ganas de ir a China! Sin embargo después de un mes allí ya no podemos decir lo mismo.

Como solo pudimos conseguir el visado de turista de un mes a través de una agencia en Vietnam, y como queríamos parar obligatoriamente en Shanghai y Pekín, elegimos una ruta bastante típica que nos llevaría de sur a norte pasando por Guilin, Shanghai, Xian y Pekín. Pero claro, así nos quedamos con muchas ganas de perdernos por la China más rural y también por la zona tibetana. Esto lo dejamos pendiente para la siguiente visita a China.

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Una semana comiendo Peking Duck

Y por fín después de tres semanas viajando por China llegamos a la capital del gigante chino, Pekín. En comparación con Shanghai, Pekín todavía es una ciudad bastante tradicional y tranquila, sin apenas rascacielos, y donde mucha gente se mueve en bici y vive en humildes barrios de hutongs. Se nota que la ciudad se tuvo que modernizar en cierta medida para acoger las olimpiadas de 2008, y como resultado el Pekín de hoy es una ciudad muy agradable, acogedora y manejable.

Como no podía ser de otra manera el primer día en Pekín nos fuimos a conocer la famosa Ciudad Prohibida, que fue el palacio imperial desde la dinastía Ming (siglo XV) hasta el final de la distanía Qing a principios del siglo XX. Puyi, el último emperador, abdicó a favor de la República de China en 1912, pero se le consintió seguir viviendo en el palacio hasta que le expulsaron definitivamente en 1924. Se le conoce como Ciudad Prohibida ya que durante la era imperial estaba prohibido entrar en el palacio sin permiso directo del emperador, y colarse implicaba la pena de muerte. Lo que más impresiona del palacio son sus enormes dimensiones, en su mayoría patios al aire libre, el color amarillo imperial que tiñe los tejados de todos los edificios, y las grandiosas murallas y puertas por las que hay que pasar para adentrarse en la ciudad imperial. Justo antes de que cerraran el palacio a las visitas y cuando ya no quedaban muchos turistas dentro pudimos imaginarnos al jovencísimo último emperador jugando y correteando por los patios de su ciudad imperial…

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Mezquitas disfrazadas de templos

Qué ilusos nosotros que esperábamos llegar a Xian y trasladarnos al pasado en la que fue una de las antiguas capitales imperiales de China. La Xian de hoy en día no es más que otra gran urbe china, una copia de Guilin pero en mayor tamaño. Lo único que queda en pie de la ciudad imperial es la gran muralla de 14km que rodea el centro de la ciudad, y las bonitas torres de la campana y del tambor. Pese a nuestra pequeña decepción inicial, no tardamos mucho tiempo en cogerle el gusto a Xian al descubrir el barrio musulman en el corazón de la ciudad.

Entrar al barrio musulman nos hizo volver a recordar el comienzo de nuestra aventura en India, donde todo ocurre la calle, y los diferentes olores, sabores, colores y la cantidad de gente desbordan los cinco sentidos. La gente que pobla este barrio musulman son de origen uygur, un grupo étnico que principalmente vive en el noroeste de China, en la región de Xinjiang. Paseando por las estrechas y caóticas calles resulta curioso ver las mezquitas disfrazadas de templos chinos, y los hornos tandoor de pan naan compartiendo acera con las vaporeras de dumplings. Por supuesto dos gochos como nosotros no podíamos dejar pasar la oportunidad de probar la comida uygur: kebabs de cordero y ternera (pinchos morunos), pan naan, noodles frios con salsa de sésamo, pan de pita con cordero, sopa con migas de pan y cordero, dulces… menudos empachos después de cenar!

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Opening my eyes to the Oriental Pearl

I’m finally in Shanghai! I had been eager to get to the city of the Oriental Pearl since we arrived to China. Isma had already been here a few years ago, but for me it was the first time. I think I will never forget our first night, and specially the first time I saw the pearl, it was just magical. We lost no time, a quick shower after dropping the bags at the hostel and we went straight to the city centre. East Nanjing Road was our first stop. We walked along the shopping street spending more time looking up than window-shopping. With flashing neon lights everywhere makes you think you are in Vegas and not China. As we were approaching the riverside, Isma asked me to close my eyes. Then he guided me through the multitude until we reached the right spot and said: now, open. And as I opened my eyes I got the first glimpse of Shanghai’s unique skyline and saw the Oriental Pearl for the first time. In just two seconds I got enchanted by the unusual beauty of the futuristic looking tower, by the elegance of the colonial riverside (The Bund) and by the impressive multi dimensional skyline.

After a great start things only got better. We stayed in Shanghai’s over a week and we didn’t have a chance to get bored… learning about the city’s past, sightseeing, eating, shopping… there were just too many things to do in this city. I even had the chance to have my hair cut, and probably influenced by where we were I went for a different haircut this time… Marta Chang was ready to take Shanghai!

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Ni Hao China!

Antes de embarcarnos en esta aventura los dos países que más ganas teníamos de descubrir eran India y China, mundos completamente distintos al nuestro y también entre ellos. India hace tiempo que se quedó atrás, y por fín después de seis meses de viaje entramos a China! Con un poco de miedo llegamos a Guilin, nuestro primer destino y donde empezamos la aclimatación al gigante chino.

Todo está escrito en chino y conocer el alfabeto romano no sirve para nada, pero al menos la mayoría de la gente joven habla un poco de inglés y te ayudan a salir de algunos apuros. No se puede sacar dinero de cualquier cajero con una tarjeta extranjera, tiene que ser Bank of China o ICBC. En muchos restaurantes el menu no está en inglés, y aunque lo esté normalmente las traducciones son para echarse a reir, pero al menos tienen fotos que ayudan a adivinar lo que es cada plato. Hay muchas motos eléctricas, que está muy bien desde el punto de vista medio ambiental, pero para peatones recién llegados a China como nosotros son un peligro porque circulan silenciosamente por la acera con las luces apagadas. Fuman como carreteros, incluso en los trenes donde en teoría no se puede, y no paran de echar escupitajos a todas horas. Los canijos en vez de llevar pañales tienen un pantalón con una abertura en el culete, y cuando tiene ganas de hacer cositas los padres simplemente los ponen encima de una papelera y listo. Internet está super capado, no hay acceso a facebook, youtube, twitter, wordpress, picasa, etc, etc y etc. Devoran instant noodles a todas horas y en cualquier sitio, especialmente en los trenes. Son adictos al picante. Y así un sin fín de curiosidades nuevas para nosotros…

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