Sri Lanka, corto pero intenso

En una semana no tuvimos mucho tiempo de saborear todo lo que Sri Lanka tiene por ofrecer, pero al menos nos llevamos un muy buen regusto de nuestro paso por el país del té.

Geográficamente Sri Lanka tiene dos partes muy diferenciadas: las montañas del interior o el Hill Country, y las llanuras del resto del país casi a nivel del mar. En el interior es donde se encuentran todas las plantaciones de té, cubriendo como un manto verde las laderas de las montañas, que por clima y altitud tienen las codiciones perfectas para crecer. El paisaje en el resto del país es totalmente tropical con infinidad de palmeras, plataneros y otros árboles tropicales cubriendo cada metro cuadrado de tierra.

En comparación con India, Sri Lanka es mucho más desarrollado, con mejores carreteras, edificos más modernos, mucho más limpio, con menos pobreza, e incluso más civilizado (hasta algunos coches dejaban a los peatones cruzar en los pasos de cebra!). Por el contrario es más caro, y especialmente para los turistas que tenemos que pagar precios mucho más altos que los locales. Seguramente porque Sri Lanka ha salido de una larga guerra civil en 2009, y con el incremento de turistas todo el mundo quiere aprovechar a hacer dinero por si acaso en un futuro se vuelve a desatar otra guerra civil. Aun así, a día de hoy Sri Lanka todavía es un destino poco turístico, relativamente desconocido y barato.

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Cogiendo olas entre palmeras

Como no teníamos muchos días en Sri Lanka y queríamos pasar al menos tres días en alguna de las playas del sur, muy cansados y casi sin dormir la noche anterior, tuvimos que salir a la carrera de Dalhousie después de la bajada de Adam’s peak.

No sabíamos ni que ruta teníamos que seguir, ni cuanto íbamos a tardar, ni siquiera si seríamos capaces de llegar al sur ese mismo día, pero nos gustaba la sensación de aventura que iba a tener ese día. A base de preguntar a los locales en cada sitio, porque aunque Sri Lanka sea un país más desarrollado que India las estaciones de autobuses son un caos mucho mayor, conseguimos ir saliendo poco a poco del Hill Country y poniendo rumbo al sur. Primero cogimos un bus local desde Dalhousie a Hatton (2 horas), luego un segundo de Hatton a Balangoda (3 horas y media entre plantaciones de te y montañas por un patatal de carretera pero con unas vistas increibles), y finalmente otro de Balangoda a Pelmadulla (1 hora). Para cuando llegamos a Pelmadulla eran ya las 6 de la tarde, estaba anocheciendo, estábamos reventados de tanto bus y del cansancio acumulado, y todavía estábamos como poco a 5 horas en autobus directo a Matara (muy cerca de las playas al sur), bus que muy a nuestro pesar salía solo por la mañana. Así que nuestras únicas opciones eran subirnos a otro autobus local lleno hasta la bandera que nos acercaría un poco más al sur pero sin llegar a Matara, o pasar allí la noche y esperar al día siguiente a coger el bus directo a Matara. No sabíamos que hacer, y justo de la nada apareció un señor que se ofreció a llevarnos a Matara en su Tata nano taxi (4 horas), pero eso sí cobrándonos una millonada en un país como Sri Lanka, unos 60€. Lo pensamos por un momento y aunque nos parecía mucho dinero (en verdad 30 € por persona en un taxi de 4 horas no está nada mal, pero cuando viajas a largo plazo y low cost es bastante!) decidimos irnos con él, así esa noche dormiríamos en nuestro destino y nos levantaríamos el día siguiente ya en la playa. Nuestra playa elegida en el sur fue Mirissa.

Aunque el tsunami de 2004 arrasó muchas de las playas del sur de Sri Lanka, se han recuperado muy rápido y ya no se ven restos de la destrucción que causó. Mirissa, como decía nuestra guía, es una playa paradisiaca de arena fina y aguas turquesas poco desarrollada en cuanto a alojamientos y chiringuitos en la playa. Pero lo que no decía la guía es que la carretera pasa justo unos metros por detras, incluso en alguna zona llega a rozar la playa, y esto para nosotros no tiene nada de paradisiaco. Aun así es una playa muy tranquila y relajada, y con pocos turistas. Al igual que en Palolem, India, por la noche la playa se convierte en restaurante con mesas con velas y se puede cenar con el sonido y la brisa del mar de fondo y los pies en la arena… un auténtico lujo!

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Discovering the land of the tea

After saying goodbye to India and a very short flight from Kochi we landed in Bandaranaike International Airport. Sri Lanka, officially the Democratic Socialist Republic of Sri Lanka, was known as Ceylon until 1972. Mainly Buddhist it is among Kenya and India one of largest exporters of tea in the world. And, only recently in May 2009, after almost 30 years, they gave end to what has been Asia’s longest civil war between the Sinhalese (Buddhists) and the Tamils (Hindus). Apart from the few things we had read, we new little about Sri Lanka and its customs, so we didn’t really know what to expect.

Our first impression couldn’t have been any better! Everything at the airport was super well organized and new, passing through emigration took us just 5 minutes (we got our visa online in advance), getting a phone SIM card with 3G was a 10 minutes job (what in India took us many hours), there was a free shuttle from the airport to the nearest bus station, people were super friendly… We quickly realized that Sri Lanka was much more developed than India but also more expensive.

With only 8 days in Sri Lanka (a country more or less of the size of Ireland) we had to plan and choose carefully where to go and what to do. We decided to first visit the ancient cities and the hill country before heading south to the beaches. So after doing all the diligences at the airport we headed to Kandy, 115 km from Colombo (3h by bus). Kandy hosts Sri Lanka’s most important Buddhist relic: a tooth of the Buddha. We were curious and thought of visiting the temple where they keep the tooth, but the 1100 LKR that costs the ticket made us back away. Kandy was our hub for a couple of nights just so we could go and visit both Sigiriya and Dambulla.

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