Masterizando el arte de las barbacoas

Cairns era nuestra última parada en Queensland, y donde habíamos decidido autoregalarnos un día de submarinismo en la Gran Barrera de Coral. Aunque Cairns tiene aeropuerto internacional, más que una ciudad es un pueblo grande con playa, y la verdad es que la playa no invita mucho a bañarse. Pero ha sabido explotar al máximo la cercanía con la Gran Barrera de Coral y por ello está en la hoja de ruta de todos los turistas en Australia. Y al igual que Brisbane también tiene un lagoon, irónicamente al lado de la playa, para los que quieren bañarse y tomar el sol.

Dejando a un lado el buceo, hubo dos cosas que hicieron que nuestra estancia de 5 días en Cairns resultara muy especial: el hostel con piscina y barbacoa, y el festival de Cairns. Aunque no probamos ningún día la piscina del hostel, sí que hicimos lo oportuno con la barbacoa, y entre chuletones de ternera, chuletillas de cordero, alitas de pollo y mazorcas de maíz nos hicimos los dueños de la barbacoa. El festival de Cairns nos hizo disfrutar todavía más de la vida outdoors, con películas al aire libre como Mad Max y Movies that Matter, una serie de cortos que te hacen pensar; un desfile de carrozas muy muy peculiar, donde desfilaron desde niñas de la escuela de ballet con simpáticos tutus, pasando por el coro de gospel de la iglesia bautista, hasta la comunidad china con dragón de fuego incluido; fuegos artificales frente al mar, amenizados con los “wooooow!” del chico de detrás; musica en directo, donde descubrimos a un chico australiano con mucho talento llamado Chris Ah Gee cuyas versiones todavía tarareamos; pianos en la calle que eran tocados por espontáneos y que hipnotizaban a las masas, como por ejemplo el chico que estuvo más de una hora tocando canciones de Cold Play; artistas callejeros y mucho más.

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Buceando con tortugas

Una vez que Marta se recuperó de su otitis nos pusimos de nuevo rumbo a Bohol con la intención de bucear un par de días en Alona Beach y la ilusión de encontrarnos con tortugas bajo el agua.

Alona Beach es una playa muy turísitica, relativamente pequeña y abarrotada de restaurantes, resorts y escuelas de buceo que incluso han llegado a invadir la playa en algunos puntos. Lo bueno es que cuando estuvimos nosotros era ya temporada baja y la playa estaba bastante tranquila. Lo malo de estar fuera de temporada es que el tiempo estuvo un poco revuelto, pero como allá donde vamos llevamos el buen tiempo, al tercer día desaparecieron las bajas presiones y con ellas se fueron las nubes, la lluvia y el viento.

Por fín después de dos semanas en Filipinas de solo comer carne encontramos restaurantes donde comer pescado fresco a la brasa! Todas las noches la playa se conviertía en un enorme restaurante lleno de sillas y mesas, pero con unos precios dignos de un restaurante con estrellas michelín. Sin embargo en los restaurantes locales a lo largo de la carretera también encontramos pescado a la brasa, y con precios más locales. Nuestra táctica por las noches era clara, barbacoa de pescado rodeados de locales, y birras con los pies en la arena!

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Bienvenidos al paraíso

Aprovechando que este año estábamos por el sudeste asiático en marzo, decidimos buscar un sitio especial para celebrar el cumple de Marta, es decir con sol, playa y buceo a ser posible. Esto nos llevó a la isla de Koh Rung, que según habíamos leido tenía las mejores playas de Camboya y también se podía bucear.

De camino a la isla tuvimos un pequeño incidente… atropellamos a la vaca Matilda (según la bautizó Marta) que destrozó todo el frontal del autobus. Todavía no nos acabamos de creer como hemos atropellado una vaca en Camboya y no en India!!! El lugar se llenó de locales curiosos, y por lo que intuimos que ocurrió creemos que llamaron al dueño de la vaca para que solucionara este incidente con el conductor del autobus, aunque no llegamos a saber quien compensó a quien. Aunque nos dijeron que iban a mandar otro autobus para continuar el viaje, esto es Camboya y nunca apareció. Y después de más de una hora parados, nos volvimos a montar en el mismo bus y proseguimos el viaje con un solo faro hasta nuestro destino de ese día, Sihanoukville.

La única manera de llegar a Koh Rung es en barco desde Sihanoukville. Fue desde el barco según nos íbamos aproximando a la isla cuando descubrimos que estaba prácticamente despoblada y parecía un paraíso terrenal con sus largas playas de arena blanca, el color turquesa del agua y la frondosa jungla del interior, para nada como nos lo habíamos imaginado. No pensábamos que iba a haber ningún problema en encontrar alojamiento ya que éramos muy pocos los turistas yendo allí, sin embargo resultó que había muy pocos guest houses y la mayoría ya estaban llenos o reservados. Pero bueno al final con un poco de suerte y rascando nuestros bolsillos encontramos un bonito bungalow al borde de la playa.

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