Un colofón de ensueño

Desde que empezamos esta aventura siempre habíamos soñado con acabarla de una manera especial, y que mejor que en una playa paradisiaca, remota y tranquila tostándonos bajo el sol y corriendo olas (surfeando) en pleno diciembre. En busca de esa idílica playa nos fuimos hacia el norte de Perú, muy cerca de la frontera con Ecuador. Pero antes hicimos una breve parada en Chiclayo, tierra del famoso Señor de Sipan, del arroz con pato a la chiclayana, de los King Kong y de uno de los mercados más variopintos de Perú.

Isma eating a King Kong

Con un solo día por delante en Chiclayo, y después de un largo y pesado viaje nocturno con escala, decidimos tomárnoslo con mucha calma. Aunque teníamos muchas ganas de conocer la tumba del Señor de Sipán, al final nos pudo más la idea de degustar la gastronomía autóctona y perdernos por una última vez en un mercado local, y sobre todo si íbamos a encontrar brujos, curanderos, amuletos y remedios de todo tipo importados de la selva. Una de las cosas que más me ha sorprendido de Perú es la dualidad cristiano-pagana que nos hemos encontrado desde que salimos de Lima. Me explico, por ejemplo una persona puede ir a misa todos los domingos a rezar y a pedirle a Dios salud entre otras cosas, pero a la vez si cree que tiene mala suerte porque le han echado un mal de ojo acudirá al brujo para curarlo. Por suerte o desgracia, nosotros no probamos los servicios de ningún hechicero pero si nos llevamos unos amuletos para atraer a la buena suerte, nunca se sabe si estas cosas funcionan!

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