The city of Lord Brahma

We arrived to Pushkar after a tiring bus ride, not because of the distance but because we had to change buses. The first bus took us from Jaipur to Ajmer, about 3h. Once in Ajmer we had to get the bus which would take us to Pushkar (30 mins away) and after a longish wait and a growing number of people waiting for the bus and of course because in India no one respects the queues, we literally had to fight our way into the bus.

Pushkar at first sight wasn’t what we expected, we thought we would find a quiet Indian town with few foreigners but what we found was an oasis made for tourists at the doors of the Thar desert (Great Indian Desert). There were shops everywhere, henna painting saloons, many cafes and restaurants with continental menus and the lake more than a lake it looked like a man made giant swimming pool. But as the days passed we discovered other secrets of the city that made us growing into like it.

Pushkar is a holy city in the state of Rajashtan. The Hindus believe that Brahma, one of their divinities known as the creator, released a lotus flower into the earth. When the petals of the flower reached the earth three lakes were created, and around the biggest one grew the city of Pushkar. The story says that Brahma was to marry Savitri, a river goddess, in the banks of Pushkar lake with a ceremony called yagna that can only happen on a specific astrological moment. As Savitri was late, Brahma was forced to find another unmarried woman, as without a wife he could not perform the yagna. Gayitri was the only unmarried woman available, so they went ahead with wedding. When Savitri finally arrived and saw Brahma married to another woman she was furious and coursed him saying that he would only be worshiped at Pushkar. Pushkar is now one of the few places in India where you can find Brahma temples. There are also temples devoted to Savitri and Gayitri, both of them situated on top of two hills in the surroundings of Pushkar. To placate Savitri, it was agreed that her temple was to sit on the highest hill and that she would always be worshiped before Gayitri.

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Varanasi y el sagrado río Ganges

Nada más salir de la estación de tren de Varanasi nos esperaba la marabunta de taxitas y tuk-tuks que prácticamente gratis se ofrecían a llevarnos a cualquier sitio. Esto es uno de los típicos timos para llevarte a uno de los hoteles con los que los taxistas ganan comisión con el pretexto de que el hotel al que quieres ir está lleno o cerrado. Nosotros nos alejamos un poco de la estación de tren y cogimos un tuk-tuk más de fiar que nos llevara a uno de los ghats donde queríamos quedarnos. Los ghats son zonas a lo largo del río que tienen escaleras para bajar al agua. Una vez en el guest house (Vishnu Rest House) conocimos a un chico de Guadalajara, Alvaro, que había estudiado en el mismo instituto que yo, qué pequeño es el mundo!

Varanasi es un ciudad sagrada donde vienen miles de peregrinos Hindus al menos una vez en su vida, y además está bañada por el río Ganges. En la religión Hindu creen que si creman a los muertos y arrojan sus cenizas en las aguas del río Ganges, sus almas salen del ciclo de las reencarnaciones para siempre. Por eso la gente lleva a sus muertos a ser cremados a Varanasi, que dependiendo de que parte de India  vengan pueden tardar hasta días en llegar con el cuerpo. Por otro lado, también creen que bañándose en el río purifican sus pecados.

En Varanasi hay dos ghats donde realizan cremaciones públicas, y cualquiera que pase por allí puede pararse a contemplar el ritual de cremación. Aunque ya habíamos leido como eran las cremaciones en Varanasi, sin embargo es algo que nos impactó muchísimo. Pensábamos que sería algo más íntimo y sentimental, y sin embargo lo que nos encontramos fueron “fábricas” de quemar a los muertos. En el ghat mayor queman unos 300 cuerpos al día, mientras que en el más pequeño queman a unos 70. Los familiares se rapan el pelo y son ellos mismos los que después de bañar al cuerpo en el río lo queman sobre troncos de madera. Para nosotros es una imagen dantesca, pero ellos ni lloran ni se emocionan ya que creen que el cuerpo sin el alma no tiene ningún sentido. Intentar sacar una foto en los crematorios es una falta de respeto total y absoluta hacia los familiares, que creen que estás robando el alma del muerto, y en algunos casos se pueden volver muy agresivos hasta el punto de destrozarte la cámara. Otra imagen que nos impactó muchísimo es ver a un grupo de niños en la orilla del río al lado del ghat rebuscando entre las cenizas por si encontraban oro o plata de los muertos. Es muy triste ver como estos niños se tienen que buscar la vida… En el resto de los ghats, la imagen del Ganges es totalmente distinta y llena de vida: gente bañándose, lavándo la ropa, rezándo, niños jugando en el agua, animales bañándose, gente jugando al cricket… es sorprendente ver el contraste de vida y muerte en el Ganges.

Aparte del río Ganges, otro importante lugar sagrado de Varanasi es el Golden Temple. Como en todo templo Hindu, está prohibida la entrada a gente de otras religiones. Sin embargo es posible entrar llevando el pasaporte y argumentando estar muy interesado en la religión Hindu. Nosotros decidimos ni siquiera intentar entrar ya que nos parecía una falta de respecto hacía su religión. El Golden Temple está situado entre las callejuelas de la la ciudad vieja, donde hay multitud de bazares, puestos de comida callejera y restaurantes, así que es una zona perfecta para perderse una tarde entera. En uno de estos restaurantes donde comimos (Ganga Fuji) encontramos paella, tortilla de patata y hasta gazpacho en el menu, es curioso hasta donde ha llegado la cultura gastronómica española!

Después de tres días en Varanasi, nos fuimos en tren a Amritsar. Nuestra idea era haber ido a Agra a ver el famoso Taj Mahal, pero como no encontramos plazas en ningún tren en las fechas cercanas, acabamos comprando billetes para ir a Amritsar, a 22 horas en tren desde Varanasi! Resulta que en India hay que planificar con bastante antelación los viajes en tren ya que de lo contrario es muy dificil conseguir asientos o literas asignadas.

Welcome to Nepal

We arrived to Kathmandu after our short stop in Delhi. We flew SpiceJet, an Indian low cost airline which was quite okay. On arrival we had to arrange our Visas. Tourist Visas to visit Nepal for 30 days can be obtained in arrival, all you need is a passport size picture, fill in the form and pay the 40$ fee at the airport.

We were picked up at the airport by a driver from the Khangsar Guest House, where we had booked two nights through agoda.com. So far the prices we have seen in Agoda are a little bit cheaper than in other websites.

Once in the city and after unpacking, we tried to find a place for dinner nearby (around Thammel). It was a little bit disappointing to see that the area is a tourist bubble within Kathmandu, full of very westernized shops and restaurants. As there wasn’t too much choice we ended up having a bite at a chill out bar (hopefully this won’t happen very often).

The next day, full of energy we wondered around old Kathmandu, visiting the Durbar Square and the narrow and busy streets of the city. On our way to find the Ghats (stairs that lead to river at crematory sites) we found ourselves following and being followed by a sacred cow, and Isma running for his life when the cow approached him! The area surrounding the Ghats is used as a dumping site, where many locals live and try to make a living by searching through the garbage. It was shocking to see how people try to survive in these kind of conditions. This really kept us thinking for the rest of the day.

After two nights in Thammel, we decided to escape from the touristy trap, and hopefully experience a more local atmosphere by moving to a guest house (Himalaya Guest House) on a different area (Jhochhe Street).

Settled in Jhochhe, the day after and continuing our tour around Kathmandu, we climbed a countless number of steps to get to Swayambhu, which is a set of Hindu and Buddhist temples on top of conical hill invaded by monkeys. The most interesting part was seeing Hindu prayers and offerings to their goddess. For lunch we headed to Patan Durbar Square where we tried woh (fried lentil-flour patties) at a hidden local smoky place. During a stopover for a chiya (nepali tea) we had the chance to chat with a couple of Nepali teenagers who told us how they managed to escape the life on the streets. They definitely seemed to know more about life than we do.