Machu Picchu, an impossible city in the sky

The alarm went off at 4.15am. More asleep than awake we got ready and started walking in the dark, only followed by a couple of stray dogs and just a few other travellers that, like us, wanted to get to Machu Picchu by foot at dawn. The gate at the bridge opened at 5am sharp. The one hour ascending the endless steps sweating, red faced and out of breath was kind of tough, but it didn’t matter, the recompense was near.

Aguas Calientes, walking in the dark

We found Machu Picchu covered in a heavy mist, fog and clouds. We couldn’t really see anything, it was an entirely different landscape to what we had expected. A bit disorientated, and really not knowing in which direction to go, we sat down to rest for a few minutes and to have a bit of breakfast (supposedly you are not allowed to bring any food into Machu Picchu, but nobody checks) before tackling the trek to Huayna Picchu, “Young Peak” in Quechua.

Misty Machu Picchu

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Tras las huellas de los incas

Otro día más tenemos que empezar un post hablando de nuestro viaje, o mejor dicho aventura, en autobús. Llegamos temprano a la terminal de Puno y sin perder tiempo nos montamos en el primer bus que salía con destino a Cusco. Hicimos caso omiso de los autobuses turísticos que salían más tarde y que supuestamente te llevaban directo, nosotros queríamos salir lo antes posible y si encima nos ahorrábamos unos soles pues mejor. Nuestro bus era un Libertad, un poco viejo, lleno de locales cargados con bolsas y aguayos hasta arriba, paraba a todas horas a coger y dejar gente, subían vendedoras con quesos y otros productos autóctonos, y para colmo le costaba subir las cuestas. Pero a pesar de todas estas incomodidades, hemos aprendido que estos autobuses son los más divertidos, y este Libertad no nos defraudó.

Para empezar una señora nos intentó vender una plancha que llevaba en su aguayo, la cual rechazamos amablemente porque no teníamos espacio en nuestras mochilas; luego un vendedor de medicinas naturales nos soltó una charla de casi una hora para intentar vendernos sus productos, lo cierto es que lo hizo muy bien porque medio autobús le compró sus remedios milagrosos; y el colofón final llegó a mitad de camino cuando rompimos el embrague… no nos podíamos creer que después de más de un año viajando en trastos por medio mundo llegó el momento de quedarnos tirados! Después de ver los esfuerzos del conductor/mecánico para tratar de solucionar el problema durante casi una hora, y de comprender que esto no tenía fácil y rápida solución, decidimos intentar parar otro autobús que también hiciera la ruta Puno – Cusco. Y así aperició en nuestro rescate un autobús Power, que había salido de Puno una hora más tarde que nosotros. Aunque iba lleno, nos esperaron a que sacáramos nuestras mochilas del Libertad y nos hicieron un hueco. Hablando con el conductor del bus Power nos contó que Libertad es una pésima compañía, con una flota de solo 6 autobuses, todos sin papeles y encima suelen llevar contrabando escondido en las bodegas de los autobuses. Vamos que se rompiera el bus fue lo mejor que nos podía pasar! En resumen, tardamos 9 horas en llegar a Cusco y entre los dos autobuses pagamos lo mismo que nos hubiera costado uno turístico que tardaba 6 horas. Pero bueno así es la vida del viajero.

El día siguiente ya descansados salimos a conocer Cusco, la antigua capital del imperio Inca, cuya civilización perduró durante unos 300 años hasta la llegada de los españoles en el siglo XVI. Cusco es una ciudad con mucho encanto, ideal para perderse por sus calles y plazas disfrutando tanto de la arquitectura inca con sus estrechas calles empedradas, sus imponentes muros construidos con piedras gigantes, sus canales de irrigación, sus ruinas… como también de la arquitectura colonial con sus iglesias, sus casonas, sus conventos… Aunque hay muchos museos, iglesias y ruinas interesantes en Cusco, nosotros no entramos a ninguna. Para poder acceder a la mayoría de estos sitios es necesario comprar un boleto turístico que incluye la visita a todos pero que es muy caro, y a nosotros no nos compesaba. Preferíamos perdernos por las callejuelas de Cusco que es gratis y, como no, ir al mercado.

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A blue sea in the middle of the Altiplano

Finally, after three weeks of arid landscape we got to see something different, the thousand shades of blue of lake Titicaca at Copacabana. This tranquil and sunny little town, not to be mistaken with Copacabana beach in Brasil, sits on the banks of the vast lake Titicaca, very close to the Peru-Bolivia border. Here is where we were going to spend our last days in Bolivia, escaping from the stormy La Paz.

The lake front area of this very touristy destination is plagued with hotels, souvenir shops, food stalls offering the famous lake Titicaca trout, pizzerias and hundreds of pedalos waiting to be rented, but aside the shoreline the rest of the village is very local, very Bolivian, and there normal life continues. The best views of Copacabana and lake Titicaca are from Cerro Calvario, a hill next to town. It’s a steep and breathless 40 minutes hike from the base following the twelve stations of the cross, but the views from the top are really worth the effort.

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In Argentina for 6 days

We left San Pedro on a 10 hour bus ride to Salta in Argentina. We were promised stunning scenery and high altitude, and we got both: volcanoes, desert landscape, scary drops, colourful gullies, huge cactus, cute llamas, Andean altiplano and pure white salt flats on a road going over the 4500 metres over sea level to descend again to 1200 metres. Half aspirin and lots of water was our way of combating the possible effects of the high altitude. Aside a small headache, a bit of silliness and constantly going to the toilet all went well and we arrived to Salta in one piece.

Our visit to Argentina was totally unplanned. Since we had very little time left (only 2 months to visit Peru and Bolivia) and we don’t like rushing from one place to another, we had discarded visiting the country of the tango. But everybody in Chile recommended us visiting Salta, which is just across the Andes from San Pedro, and its surroundings. So we thought now that we are so close why not rearrange our route and spend a few days in Argentina? That’s the beauty of travelling without plans!

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