Un oasis en lo más profundo del Colca

Y por si nos habían pasado pocas cosas en el autobús a Cusco, en el siguiente bus a Arequipa vimos algo que ya no nos podíamos ni creer. A mitad de recorrido se subió una vendedora con su aguayo cargado de algo que no alcanzábamos a ver, un machete en la mano y gritando cancacho cancacho! No teníamos ni idea de que era, pero la señora no paraba de pegar machetazos a lo que su aguayo escondía y despachar incontables bolsas de algo que parecía carne con papas asadas a medio autobús. Al final descubrimos que el cancacho era carne de cordero asada, y lo que transportaba en su aguayo era todo un cordero asado. Y como donde fueres haz lo que vieres, y sobre todo si es la hora de la comida, no nos pudimos resistir y nosotros también comimos un rico pedacito de cancacho chupándonos los dedos en el bus!

Cancacho cancacho!

La ciudad blanca de Arequipa es la segunda ciudad más grande de Perú, y se la conoce así por sus típicas construcciones coloniales de sillar, una piedra volcánica blanca de la zona. El centro está plagado de antiguas casonas de sillar con techos abovedados y floridos patios interiores, que hoy hacen las funciones de hoteles, restaurantes, tiendas, bares, universidades, bancos… En Arequipa las visitas obligadas son la bonita plaza de armas con su imponente catedral, el colorido monasterio de Santa Catalina y el museo que alberga la momia inca Juanita, pero nosotros antes de nada teníamos otros planes… ir al cine a ver el desenlace de la saga Twilight! Ya el año pasado en Mumbai Marta me obligó a ver en el portatil la penúltima peli de la saga, y por supuesto este año estando en una ciudad con multicines y películas en V.O. no podía dejar de llevarla al cine para ver el tan esperado final. Para mi lo mejor de ir al cine fueron la Inka Cola de casi un litro y el cubo gigante de palomitas que nos comimos con derecho a un relleno extra que no nos pudimos acabar.

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